Detrás de la estafa: capitalismo tecnológico y criptocolonia

Detrás de la estafa: capitalismo tecnológico y criptocolonia

El artículo efectúa un análisis del ascenso del dinero virtual, de sus distintas formas, de su ligazón con objetivos económicos y políticos. Encuadra en ello lo que tipifica como uno de los mayores escándalos políticos de Argentina. | Martin Burgos.

Las criptomonedas

La curiosidad inicial que condujo a la investigación y publicación que aborda esta temática con un enfoque crítico y desde la periferia[1], surgió a raíz de las numerosas estafas que se estaban dando en 2022 como la de Generación Zoe, Ademar Bacchiani y Coin X que el propio Javier Milei estaba promocionando. En ese momento las criptomonedas dejaron de ser solo una oscura inversión financiera y se volvieron una cuestión social, que aparecía en el dialogo cotidiano, con algunas dimensiones políticas relevantes, ya que estos personajes usaban su fama para generar discursos políticos. En ese sentido, Bacchiani descolocaba la élite catamarqueña y no escondía sus preferencias por Milei, perfilándose como potencial candidato libertario en la Provincia para 2023. Según sus propias palabras: “Yo lo escuchaba a Milei, en una época decía que, si fuera presidente de la Nación, o tal vez ahora como legislador, tendría la oportunidad de plantear el cierre del Banco Central de la República Argentina. El Banco Central es uno de los responsables directos de la generación de pobreza en la Argentina. Es el responsable directo de la emisión de moneda y la generación de inflación.”

Por lo tanto, ese estudio no era por pura erudición, sino que la avanzada libertaria se daba con un arma poderosa, la de una moneda que no dependiera del Estado. Por eso nos pareció una buena ocasión para revisar algunas de las cuestiones estructurales de ese activo digital, es decir su relación con el Estado y el poder económico, con la fiscalidad y con los bancos. Lo que nunca pensamos es que la publicación del libro coincidiría por escasos meses con otra estafa de dimensiones mundiales, la que acaba de promocionar Javier Milei desde sus redes y que se convirtió en uno de los mayores escándalos de la política argentina.

Las criptomonedas emergieron hace un poco más de una década como una idea original para crear dinero sin intervención del Estado ni de los bancos. Fueron creciendo a la sombra de la crisis financiera de Estados Unidos de 2008, en un contexto en el cual los bancos, grandes responsables de la crisis, eran ayudado con dinero estatal. Estos activos digitales se presentaron como monedas privadas y funcionaron como una supuesta puerta hacia un mejor futuro, generadora de riqueza en libertad y fuera de un Estado considerado opresivo, forjando un discurso político que empezó a hacerse más presente desde 2020.

Como todo el capitalismo digital, su crecimiento se aceleró durante la pandemia, y lo que era una inversión extravagante se transformó en algo más común. Hoy con las criptomonedas se pueden pagar salarios, fondear nuevos proyectos empresariales, y los bancos ya lo están proponiendo a los ahorristas como alternativas de inversión. Es un mercado consolidado en el cual los grandes fondos de inversión no dudan en apostar, es un activo más, totalmente aceptado por las finanzas.

Una parte de su crecimiento se enraizaba en su carácter global ya que su transferencia no conocía fronteras. Eso empezó a ser un aliciente para la fuga de capitales dado que los paraísos fiscales empezaron a tener problemas en su rol de offshore global, por las filtraciones como Panama Papers y el avance del G-20 sobre su estatuto tributario. La alternativa de las criptomonedas resultó muy útil en esa instancia, ya que permitía un secreto financiero a través de instrumentos digitales. Esto también empezó a ser utilizado por el narcotráfico y las ganancias provenientes de las actividades ilícitas, dándole mayor complejidad y peor reputación al ecosistema cripto.

El boom de las criptomonedas terminó en una crisis bastante importante en 2022, en la cual el Bitcoin perdió 2/3 de su valor, pasando de 60 mil dólares en noviembre de 2021 a menos de 20 mil dólares unos meses después. Obviamente fue en esos meses cuando las estafas piramidales estallaron, ya que no podían responder a las expectativas de rentabilidad.

Una discusión que es tratada en el libro es saber si las criptomonedas son dinero o no. Para los ortodoxos, las criptomonedas son dinero, por una razón sencilla: su escasez. Tal como lo expone la teoría subjetiva del valor, es la escasez de un bien lo que explica su precio, y es lo que sustenta el Bitcoin. Se sabe de antemano que el Bitcoin tiene una cantidad de monedas limitadas, y solo restan por descubrir las que faltan a través de su “minado”.

Para nosotros es claro que la criptomoneda no responde a la definición de dinero, por su alta variabilidad y alto costo de transacción. Se trata más bien de un activo digital, aunque su trayectoria futura es imposible prever. Si aceptamos desde una perspectiva heterodoxa que el dinero no requiere respaldo y se crea ad nihilo, entonces es posible que las criptomonedas se transformen en dinero como lo fueron los créditos comerciales de los principados italianos del medioevo. No obstante, es muy difícil que el Estado no termine interfiriendo ante la posibilidad de que surja un poder privado que termine definiendo las alternativas de inversión. El caso más llamativo fue el de la moneda de Facebook/Meta, llamada casualmente “Libra” y que fue desarticulada por la propia SEC en Estados Unidos (el equivalente a nuestra Comisión Nacional de Valores). Se trataba de un proyecto que, en última instancia, quería generar una criptomoneda corporativa que abría la posibilidad a un espacio monetario internacional donde las empresas tecnológicas pudieran realizar sus pagos y cobros sin pasar por el Estado o los bancos. Por obvias razones, dado las ambiciones del proyecto, el gobierno estadounidense lo frenó. Ese episodio nos da una dimensión de lo que las criptomonedas pueden significar en términos de disputa entre facciones del capital.

Muchos autores empiezan a pensar que el espacio de criptomonedas, inicialmente realizado por una comunidad en oposición al poder estatal y financiero, termine en manos del capital tecnológico dirigido por las Big Tech: Google, Amazon, Apple, Facebook, entre otras empresas gigantes de la tecnología. Esas empresas que producen bienes globalizados por antonomasia, que no conocen fronteras, vienen teniendo varias tensiones con los Estados, sean los suyos o los de otros países, por cuestiones fiscales, regulatorias o geopolíticas. También empiezan a chocar con el poder financiero a través de las numerosas aplicaciones que llamamos Fintech (como Mercado Pago o Ualá en nuestro país) y que empezaron a tomar dimensiones importantes. Es muy probable que el surgimiento de estos grupos económicos nuevos con sus nuevas dinámicas y los cambios que le impregnan al régimen de acumulación capitalista a nivel global, requieren de nuevos discursos políticos y de una nueva forma del Estado. Este tecnofeudalismo como los llamaron Cédric Durand y Yanis Varoufakis, representa una ruptura que requiere de un nuevo tipo de políticos cuyo ejemplo podría ser Milei. Eso es lo que explicaría la relación tan intensa que el presidente argentino ha logrado con Musk y con el mundo tecnológico, algo que emuló Trump en su actual presidencia.

Las memecoins

Pero detrás de estas criptomonedas fueron creciendo las memecoins, que se podría traducir como “moneda en joda”, sin ningún tipo de valor más que el de coleccionar algo relacionado a un ídolo o realizar ganancias rápidas a costa de otros jugadores. Lo más increíble de la estafa de $LIBRA es que Milei, siendo presidente de Argentina, se haya involucrado en un proyecto junto a unos actores marginales dentro del mundo de las criptomonedas. Todo terminó, como ya lo sabemos, en un escándalo de escala internacional.

En este punto, las estafas vinculadas a las criptomonedas son tantas que es necesario realizar una tipología mínima: un esquema Ponzi o piramidal implica que cada vez más gente ingrese en el esquema para poner dinero y poder distribuirlo entre los que ya estaban. Esto no tiene por qué hacerse con una criptomoneda (de hecho existe por los menos desde el siglo XIX), pero el caso de Cositorto ha asimilado una cosa con la otra. Otro tipo de estafa es un rug pull, “tirar de la alfombra”, que es el caso que nos ocupa: esperar a que la gente ingrese a una fiesta para poder desvalijarla. Los memecoins posibilitan estafas porque en algunos contratos los iniciadores concentran gran parte de los tokens (monedas) y pueden venderlos cuando quieran. En el caso que nos interesa, el 80% de los tokens estaba en posesión de 3 cuentas.

Los casos de estafas son numerosos, y si bien no son excluyentes del mundo de las criptomonedas, se aprovechan de su boom para vender sus espejitos de colores. Existen varias particularidades, como el alto perfil de sus líderes que ayudaban a crear por redes sociales una comunidad funcional a los esquemas Ponzi, la atracción por las ganancias rápidas, cierto carácter mesiánico en sus encuentros y la publicidad dada por famosos (en particular jugadores de fútbol). Lo que es particular de las memecoins, es que se refieren a un personaje en particular, por lo que atrae sobre todo a los fans que suelen comprarlos como si pensaran poseer una parte de su fama.

En su defensa, Milei ha afirmado que esas operaciones eran un casino, pero acá también debemos diferenciar entre lo que es un casino del rug pull ocurrido el viernes, donde se esfumaron más de 100 millones de dólares en menos de una hora. Un casino es un negocio en el que la gente va a gastar plata para pasarla bien y, más allá de lo que podamos opinar al respecto y los casos de ludopatía que pueden existir, en un marco regulado es un negocio como cualquier otro. En ese sentido, tiene por objetivo obtener ganancias en el largo plazo, es decir que tiene que seguir atrayendo gente, que tiene su clientela habitual y sus puntuales, pero el negocio no está en desvalijar al cliente. A diferencia de eso, el rug pull es lisa y llanamente un robo.

Por sus ansias de figurar a nivel global, Milei atrajo a numerosos inversores de Estados Unidos, por lo que esa estafa terminará siendo juzgada principalmente en ese país. Es muy probable también que el juicio se haga contra la República Argentina, y que lo terminemos pagando entre todos, porque Milei enmarcó su accionar en una política pública. Su primer twit lanzando la propuesta dice claramente: “Este proyecto privado se dedicará a incentivar el crecimiento de la economía argentina, fondeando pequeñas empresas y emprendimientos argentinos. El mundo quiere invertir en Argentina”.

Más allá de las cuestiones judiciales y políticas, queda aún la duda de saber qué quiso hacer el equipo gubernamental. Seguramente no quisieron este escándalo mayúsculo, y seguramente se conocerán pormenores en relación a la contrapartida económica de toda la jugada. El presidente dice que fue estafado, entonces ¿cuál era el proyecto inicial que tenía en la cabeza?

Criptocolonia

Volviendo sobre las líneas del libro, es posible pensar que el presidente haya querido utilizar esa memecoin para competir con el peso argentino y el dólar, en el marco de una competencia de monedas nunca muy bien explicada. Si la idea era financiar emprendimientos con $LIBRA, entonces esas empresas iban a pagar a sus proveedores con esa misma memecoin. De esa forma empezaría a circular en el mercado interno esa moneda compitiendo con el peso, es decir con la moneda estatal. Seguramente esa criptomoneda también hubiese generado conflictos con los bancos y el poder financiero local, ya que también se hubiese empezado a dar créditos e instrumentos de ahorro en $LIBRA.

El “Acuerdo de Asociación” entre Argentina y el equipo de Hayden Davies hallado por Alejandro Bercovich parece apuntar en la misma dirección: se encuentran ahí una serie de “fases” en la cual el punto más avanzado es el lanzamiento de una “currency de la libertad”, es decir de una moneda cripto en el mercado local. Además se le otorgaba a Kelsier, la empresa de Hayden Davies, la exclusividad en todos los negocios digitales relacionados con el proyecto.

Si nuestra hipótesis es correcta, las implicancias de ese proyecto son demenciales, como lo son todas las propuestas de este gobierno. Quien maneja el dinero maneja el país: de haber funcionado la incorporación de la criptomoneda como parte de las monedas circulando en Argentina, las 3 cuentas poseedoras de 80% de los tokens $LIBRA hubiesen podido definir a quien se le prestaba y a quien no, en qué se invertía y en qué no. Esas 3 cuentas serían definitorias para el futuro económico y político del país. De esa forma, Argentina se hubiese convertido en la primer cripto-colonia del universo, donde 3 cuentas de desconocidos manejaran la política monetaria nacional a través de una criptomoneda.

Lejos de horrorizarse, el mundo tecnológico a nivel global y las altas esferas del gobierno de Estados Unidos han salido en apoyo de Javier Milei. Vitalik Buterin, cara visible de Ethereum, la segunda criptomoneda en importancia luego de Bitcoin, salió a respaldarlo: “La energía y la determinación para aprovechar el impulso actual de Argentina y utilizar las criptomonedas y otras nuevas tecnologías para construir una sociedad próspera en el siglo XXI son reales. Las noticias recientes no deben tomarse como una razón para darse por vencido, sino como un ejemplo de por qué la educación es tan importante. Sigo siendo muy optimista sobre las contribuciones y el papel de Argentina y América Latina en este espacio”. En la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), Elon Musk hizo todos los gestos que necesitaba el presidente argentino para demostrar apoyo incondicional, lo mismo que Donald Trump.

Esos avales de los poderosos de Estados Unidos parecen mostrar que la criptoestafa fue solo un globo de ensayo que salió mal. Poco importa las limitaciones de las criptomonedas para convertirse efectivamente en dinero, la factibilidad tecnológica o sus consecuencias. Argentina es un territorio de experimentos para el capitalismo tecnológico que está en búsqueda de un proyecto político para el siglo XXI, y la vanguardia libertaria que dirige nuestro país no le tiene miedo a la realización de utopías que pueden terminar siendo nefastas para nuestro país.

No es difícil adivinar porque Milei dijo en su defensa que se sentía “estafado”: ante una propuesta tan descabellada, las partes privadas deben haber aceptado el proyecto sabiendo lo que iba a ocurrir, y huyeron con el dinero lo antes posible. En eso Milei pudo haber sido estafado, pero eso no exculpa de nada al presidente. Al contrario: de haber llegado el proyecto a sus últimas instancias, se configuraba una traición a la Patria, al regalarle una parte de la soberanía nacional como es la moneda a unos pocos piratas.


Martin Burgos es coordinador del Departamento de Economía Política del Centro Cultural de la Cooperación.

[1] Burgos, M. (Coord): Criptomonedas. Un desafío al Estado y a los bancos. Ed. Continente-Peña Lillo 2024.

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