La Gran Estafa. ¿Otra más?

La Gran Estafa. ¿Otra más?

Se analizan en esta nota ciertas consecuencias políticas, sociales y culturales del acontecimiento que constituye la frustrada cripto estafa, así como el rol que el avance de la moneda virtual juega en la construcción neo-totalitaria en marcha. | Carlos La Serna

Los sucesos políticos que Milei provoca están relacionados en su mayoría con la tarea que los capitales globales le encomendara: la destrucción del Estado Social y de los derechos y protecciones que este promoviera. Es en relación a ello que se producen las interpelaciones y cuestionamientos que recibe, originados en las demandas de colectivos y franjas sociales sobre los cuales dicha tarea produjo y produce un daño cotidiano.

La Gran Estafa sin producir ese daño social inmediato -cuya secuencia cotidiana debe reconstruirse para comprender su alcance sistémico-, puede constituir un acontecimiento, en el sentido de actuación política con potencial para poner en el espacio público algo que solo era advertida de forma sólida por limitadas investigaciones[1]. La insólita maniobra vuelve visibles mecanismos de patrocinio ya instrumentados, interpela sobre las reglas y los actores asociados a lo que de tal forma se constituye en una cuestión social (Oszlak), proceso en el que una afirmación de la política estatal, encontrará posiblemente la afirmación y/o emergencia de alternativas a lo dominante.

Sin duda tal formulación no constituye más que un supuesto acerca de las consecuencias que puede generar un hecho como el que vivimos. Estas notas buscan reflexionar, a la luz de los eventos que desata la Gran Estafa, sobre la forma y el sentido en que la potencialidad política del acontecimiento se expresa en la práctica concreta, consciente de que ello sólo puede ser insinuado en este corto espacio de tiempo.

El consenso habilitante

El consenso que respalda las políticas libertarias, de un claro tinte neo-totalitario, habría también impulsado a partir de este inicio de año un modo de acción de consecuencias inesperadas. Un modo de acción diríase desorbitado que excede los propios excesos del presidente, lo cual no siendo poco estaría en principio afectando la legitimidad que provee tal consenso. Es ello lo que sucedió en cierta medida con su artero ataque a la comunidad LGBTIQ+ cuya gravedad llevó a tales colectivos a expresar en una magnífica marcha esa diversidad de demandas y aspiraciones al resguardo y la transformación democrática aún alertas en nuestra sociedad.

En un campo cualitativamente opuesto al señalado, este exceso del exceso desata a sin solución de continuidad la estafa?, la estrategia?, ó la estafa de la estrategia del token #Libra que es anunciado y súper promovido por un mensaje del Presidente que cierra con un Viva La Libertad!. En su efímero itinerario esta iniciativa genera un acontecimiento cuyas graves implicancias penales e institucionales despierta la atención, la pregunta, el examen, la crítica, interrogando sobre la persistencia de las capacidades de control del régimen en el gobierno.

Lo que sucedió, en un abrir y cerrar de ojos, habría sido sin embargo tejido pacientemente en coloquios especializados a los que el Presidente asistió como orador de fuste, en contactos y frecuentes reuniones mantenidas con operadores presidenciales, en una planificación meticulosa que se denuncia[2] preveía subsiguientes fases: una etapa piloto, una fase de implementación y el lanzamiento de la moneda de Libertad.  Lo que sucedió supuso pues la presencia de una red externa de jugadores -a los que el periodismo denomina los ladris por su olfato para los negocios-, que diseñó, disparó y suspendió en su máximo cotización -tirar de la alfombra se denomina a tal maniobra- una operación que no hubiera existido sin la intervención, esto es sin la complicidad de la máxima autoridad del Estado Nacional. El entramado de esa red está muy bien informado por la prensa, en sus roles y respuestas posteriores al escándalo, como en muchas de sus consecuencias.

El libragate, como se le conoce entre otras denominaciones, es a priori susceptible de diversos sentidos y alcances. El  que fundó el discurso de Milei al realizar su promoción, consistente en una estrategia alternativa de financiamiento para las Pymes que vino a esconder una maniobra de magnitudes que estaría destinada a solventar las tareas de la Fundación Faro que dirige su ideólogo preferido[3]. En esa línea la cripto moneda sureña representa una vía de ilegalidad manifiesta destinada entre otros fines posiblemente, a fortalecer la campaña de LLA frente a las próximas elecciones, algo que ya instrumenta el gobierno con la subvaluación del dólar que cuesta al Estado 21 mil millones de dólares y al Banco Central su negativo balance de reservas.

Pero junto a ello, está a la vista una significación de consecuencias estructurales que sostiene el ideal libertario, ideal que paradojalmente habría sido obstaculizado por la torpeza de la maniobra intentada. Se trata por cierto de otra vía dirigida a hacer borrón y cuenta nueva con las ya heridas facultades soberanas del Estado en el campo de la política y la gestión monetaria, algo en lo que tiene que ver la proclamado bandera de cierre del Banco Central culpabilizado de todos los males, léase la inflación, el déficit fiscal, etc., etc.

En este poco improbable horizonte, es que el Estado que ya es bajo Milei un Estado Mínimo y así excluyente, dejaría progresivamente de auto-solventarse para pasar a depender de lo que constituiría un instituido mercado cripto-financiero, gestionado por los grandes jugadores, franja en la que dirá presente no sólo el empresariado concentrado, también el sistema bancario -locales y globales en ambos casos- que se posicionarán en tal mercado en posiciones de privilegio.

El tropiezo de MIlei le ha permitido no obstante, como buen jugador en la coyuntura, insistir en sus prácticas políticas. Por un lado ha hecho evidente la forma en que la derecha extrema gestiona la información pública, con lo que referimos a esa rutina, que el macrismo conoce bien, dirigida a la compra del favor periodístico con el que el Presidente pretendió justificar lo injustificable. La entrevista, que condujo con obediencia un conocido periodista, supuso una cadena de errores que se hicieron públicos al difundirse el video en crudo -sin editar-[4] echando más combustible a ese incendio ya desatado.

“En este poco improbable horizonte, es que el Estado que ya es bajo Milei un Estado Mínimo y así excluyente, dejaría progresivamente de auto-solventarse para pasar a depender de lo que constituiría un instituido mercado cripto-financiero, gestionado por los grandes jugadores”.

Pero no todo son errores. Un grave episodio, poco difundido, mostró a su vez que la represión no constituye en la gestión libertaria un componente aleatorio ni excepcional, sino la exhibición misma del control y la represión permanente que el régimen debe ejercer sobre cualquier protesta ó diferencia que la sociedad exponga. En el entretanto mismo del libragate, el acoso represivo es en efecto aplicado otra vez sobre jubilados en su marcha de los miércoles en torno al Congreso. Fruto de ello fallece una jubilada gaseada sin límites por los efectivos comandados por la ministra Bullrich.

En esa línea de aciertos, otro agravio mayor a la democracia ocurre en estos pocos días. La iniciativa de senadores del bloque de UP, destinada a crear una Comisión Investigadora, fue abortada por la habilidad cooptativa del gobierno, cuya mayoría por un voto actuó como escudo frente al examen parlamentario de un hecho que acumula denuncias ante los tribunales locales y de los Estados Unidos, existiendo como existe una cuantiosa información que permitiría seguramente probar la implicancia del elenco presidencial en su realización y provecho. Esa mayoría de senadores se ha vuelto cómplice, en la ocasión, de un hecho con posibles consecuencias penales, dando cuenta de la descomposición ética que sufre esa franja de partidos fragmentados por la atracción del poder (del dinero).

Es así, que al tercer día del viernes negro (14.02.25), antes de partir a su encuentro con Giorgeva y Musk y a ejercer su repetitiva y destructiva retórica en el encuentro de la derecha global, Milei materializa la conversión en sociedad anónima del Banco Nación. Enderezada como está a su privatización, ello supondrá, junto a la pérdida de su valioso patrimonio, la extinción de la mayor entidad bancaria del país, cuya extendida red territorial le permite jugar un rol quizás único de fomento económico. Al regreso de tal expedición, el presidente expide el DNU que sanciona la conversión en sociedad anónima de Yacimientos Carboníferos de Río Turbio, cuya producción abastece al sistema interconectado nacional.

Una sociedad vaciada   

Tal desconocimiento del escándalo, forjado como en otros casos por una acción política siempre a la ofensiva -´patear la pelota para adelante´ se dice en el argot futbolero- no augura la revisión de sus políticas, sino su insistente agudización. Es claro que alguien como Milei requiere renovar el calor del gran capital que haciendo caso omiso de su implicancia en tamaña estafa, alienta en estos días al líder sureño a seguir con su innovador programa, dígase con la construcción de una sociedad decididamente sometida a los mandatos del gran capital.

Es ante el caso omiso que hace Milei de la alerta que este escándalo desata -en colectivos sociales, en partidos, en sindicatos, también en instancias judiciales y de control jurisdiccional-, que el horizonte de un mercado financiero dominado por las bitcoin, no puede ni debe ser desechado. Su eventual avance permite prever consecuencias sobre la sociedad que se volverán estructurales, de difícil reversión.

Cabría en tales sentidos pronosticar una dualización social aún más profunda, esta vez entre aquellos que jugarán al bitcoin por su propio peso y poder y los que para intentar una difícil sobrevivencia estarán impelidos a hacerlo. Si la penetración de la droga y de la violencia constituye un serio problema en las barriadas de la pobreza, sustituyendo o adoptando de tal manera una fuente de ingresos, la apuesta por obtener sin esos riesgos lo indispensable se volverá sin dudas una práctica creciente. Si ello pudiera ser de dicha manera, también lo será una predominancia mayor de valores sociales que no serán otros que aquellos del discurso dominante, asociados a esa meritocracia consistente en las habilidades para la obtención de rentas inmediatas y diferenciales en una timba que pocos controlarán y que con ánimo de fiesta seguirán forzando éstos u otros libertarios.

Es en este orden de cosas que el neo-totalitarismo en el poder encuentra en la cripto moneda un macro dispositivo, -no sólo económico, también cultural y político- para la construcción coercitiva de una sociedad que, junto al Estado, se busca vaciar, desbastar material y valorativamente. Todo derecho ó acción ciudadana por el que se aspire a auto-determinarse y/o auto-determinar democrática y pluralmente el destino colectivo será como hasta ahora obstaculizado y hasta reprimido.

Parece esto una brusca distopía, lo es, lo está siendo y lo seguirá siendo a la vista de los graves daños a los que nuestra sociedad se enfrenta, daños que se acelerarán bajo el avance patrocinado de un capitalismo ultra especulativo. Se dirá que estamos hablando del largo plazo, es así, pero todo comienza como estamos viendo en el corto plazo y es en este tiempo en el que actuar con toda la energía y la articulación política parece una tarea ineludible para cualquier demócrata que quiera seriamente transformar este estado de cosas.

Córdoba, 22 de febrero de 2025.

Fotografía: Seth Wenig – AP


[1] Es el caso de la publicación “Criptomonedas. Un desafío al Estado y a los bancos”, coordinada por Martín Burgos y editada por Continente-Peña Lillo (Buenos Aires, 2024). Burgos es a su vez autor de un crítico y sólido análisis que sobre el tema se publica en estos días en La Cigarra.

[2] El periodista Bercovich anticipó estos y otros detalles de un pre-contrato que establecía una insólita asociación entre los ladris y el Estado en esta aventura financiera.

[3] “… Santiago Siri reveló que tres de las cuatro billeteras que se llevaron los USD 100 millones de la estafa de Libra contienen el nombre Milei en sus etiquetas” …»Las etiquetas son las siguientes: ‘Milei’, ‘Milei CATA’ y ‘VladMilei’, dijo Siri”. (La Política On line, 210225).

[4] Se dice, que en esta maniobra estaría implicado Clarín y el aludido ex presidente, con el objetivo de siempre: forzar la entrega de áreas rentables a su codicia empresarial. Se trata nada más que de otra muestra de la manera mafiosa con que la derecha anti democrática adorna sus maneras jerárquicas de hacer política.

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