Florencia Ferreyra |
“Saber mirar una imagen sería, en cierto modo, ser capaz de distinguir ahí donde la imagen arde, ahí donde su eventual belleza reserva un lugar a un `signo secreto’, a una crisis no apaciguada, a un síntoma”.
Didi Huberman [1]
En este espacio hecho de palabras, quisiera convocar las imágenes (ese mundo de ideas, sensaciones y conexiones que se despliegan a partir de la contemplación) de una artista santafesina, cuyas obras participan del diálogo necesario sobre las demandas cotidianas que reciben los cuerpos, en ese borde que separa el interior de la casa y la vida comunitaria. Unos cuerpos que, en medio del fragor, encuentran resquicios para hacer hogar en territorios compartidos.
En principio me parece necesario poner en el horizonte analítico una revisión hacia el trabajo doméstico que ocupa mayormente a las identidades femeninas. Una publicación relativamente reciente de Verónica Gago y Luci Cavallero [2], aborda el modo en que las prácticas cotidianas feminizadas -y especialmente en sectores populares- articulan respuestas de agenciamiento ante la avanzada del neoliberalismo. En su estudio, no sólo evidencian la precariedad de la vida material que viven inmensas mayorías en Argentina (y el no menor empobrecimiento de sus experiencias subjetivas), procuran, también, visibilizar las soluciones económicas que tantas mujeres construyen a diario, en intersticios de posibilidad, poniendo en juego unos saberes y prácticas que han denominado “potencia feminista”. En el centro de esa tarea diaria se encuentra la organización del cuidado de la vida que implica asistencia a enfermos, alimentación, abrigo, educación y contención afectiva.

Frutera. Cerámica color bajo cubierta. 2024. Medidas variables.
Olla popular con sirena. Acrílico sobre tela. 150 x 100 cm. 2021.
Ofrenda I. Acrílico sobre papel. 35 x 25 cm. 2021.
Desde este ángulo de visión, procuro una interpretación sobre la serie “Ofrendas”, de Carla Colombo, un conjunto de piezas cerámicas, pinturas e impresiones [3]. Las exuberantes formas orgánicas protagonizan un banquete para la mirada donde se cultiva una experiencia estética bellamente politizada. En una primera instancia sus obras pueden parecer banales, livianas, demasiado equilibradas en su composición, excesivamente hermosas. Se hace inevitable detenerse, dejarse afectar por la vibración de los colores, cuyas tonalidades pasean entre el más leve rosado, el naranja furioso y el púrpura saturado; ¿cómo no perderse recorriendo las formas voluptuosas y la línea sensible que contornea cuidadosamente cada figura? La proximidad se vuelve necesaria y se genera una intimidad contemplativa; una nota cómo los vegetales esconden formas humanas, que las sirenas redondeadas habitan junto a monstruos, que en algunas ollas se cocinan secretos, que lo sórdido y lo sutil suelen convivir de manera ominosa. Sus imágenes seducen y, agazapadas, penetran la carne tierna de un corazón sensible. Ante sus obras, la imaginación reverdece, crece como el tercer paisaje de un terreno baldío [4]. Al mismo tiempo, e inadvertidamente, diseña la ocasión para introducir lo incómodo, como una puñalada traicionera al centro del poder. Pertrechada con delicadeza, dedicación y convicción, crea ficciones que convocan memorias y generan convivencia entre saberes del más acá con reflexiones militantes. Como hilos de un ovillo interminable, cada forma puede estimular nuestra imaginación para desentrañar una historia que es la de tantas. La artista, anfitriona de una ceremonia en la cual hace suya la lengua legitimante de la belleza, nos habla también de un mundo inquietante y doloroso. Sin embargo, sus declaraciones no son pesimistas; ella sabe que, cuando la realidad abruma, gozar es el combustible necesario para poner en funcionamiento la transformación. Cual hierba silvestre que encuentra caminos para desbaratar el cemento, su estrategia artística capea simbólicamente el devaluado paisaje cotidiano de violencia hegemónica, siempre capitalista y patriarcal. Sus creaciones trazan caminos, atan cabos y construyen puentes con otras subjetividades: saben tejer redes, ya no sólo para la supervivencia sino también para la alegría.
Contemplando estas imágenes me permito pensar que hay otros modos de batallar lo monstruoso. No todos los procesos tienen que ser sufrientes, nos urge abandonar el imaginario de la heroicidad mesiánica y la lógica sacrificial occidental, porque, ante todo, queremos la vida. Ellos avanzarán (y subrayo aquí la subjetividad varonil que les motiva), pretenderán el control sobre nuestros cuerpos y nuestros tiempos, pero no podrán colonizar nuestras experiencias e ideas mientras mantengamos activa una sensibilidad atenta: no hemos de regalarles también nuestra capacidad de soñar.
Mientras algunos ostentan sus propiedades espurias, y otros lavan culpas regalando las migajas del final de fiesta, hay quienes saben hacer magia con las sobras. Desde los bordes, aprendimos a combinar restos para construir maravillas. Aunque nos censuren, nos tergiversen y desfinancien, no podrán robarnos la habilidad que nos inventamos para el goce: seguirán alimentando nuestra creatividad. La belleza como bandera nos convoca, incluso en estos tiempos urgentes.
[1] Didi Huberman, George: “Arde la imagen”. Ediciones Ve S.A. de e.v. Santa María Ixcotel, Oaxaca, 2012.
[2] Gago, Verónica y Cavallero, Luci: “La casa como laboratorio. Finanzas, vivienda y trabajo esencial” Primera edición, CABA: Editorial Tinta Limón y Fundación Rosa Luxemburgo, 2022.
[3] Carla Colombo nació en Venado Tuerto en 1983. Licenciada y Profesora en Bellas Artes de la UNR. Vive y trabaja en Rosario. Desde el año 2007 comenzó a participar en exposiciones colectivas e individuales. Su significativa obra gráfica, cerámica y pictórica puede consultarse en https://www.subsuelo.com.ar/artistas1/carla-colombo
[4] Clément, Gilles: “Manifiesto del tercer paisaje”. Versión castellana por Maurici Pla. Editorial Gustavo Gilli, Barcelona, 2007. Tomo como metáfora la idea del autor, quien refiere a una contemplación diferente de los espacios urbanos que, una vez abandonados, se convierten en nuevos ecosistemas de particular belleza
