Carlos La Serna |
La globalización, connotada por la emergencia paralela de la agenda neoliberal de ajuste estatal y apertura de la economía, significó un violento punto de inflexión en la vida económica y política de las sociedades latinoamericanas, fenómeno que produjo en la Región un ciclo de gobiernos progresistas. Sostener márgenes de autonomía económica, de soberanía política y de inclusión social, fueron las claves que erizaron al poder continental, de donde surgieron conspiraciones, golpes de estado e intentos de integración mercantil hegemonizados por los EU, tal el ALCA[1]. El actual régimen conservador liderado por Trump vuelve a actuar en otro ciclo de gobiernos progresistas como el actual, recrudeciendo el interés de los EU por los recursos estratégicos y el dominio político de la Región.
Milei está emparentado con esta trayectoria contra-histórica, es su clara contraparte. La prepotencia y celeridad de su forma de hacer política replica los modos del presidente norteamericano. Pero son a su vez correlativos a la veloz deslegitimación de su gobierno, asociada al ciclo de protestas que se inaugura con la prisión injusta de CFK, con la multiplicación de las demandas -de jubilados, discapacitados, universidades, trabajadores, centrales sindicales, etc.-. En otro registro, tal proceso escala con la violenta ofensa política que significa la sucesión inusitada de estafas de magnitud que afectan de modo directo al dúo gobernante. Todo ello deriva en una atmosfera de creciente descontento, que precipita el triunfo electoral de Fuerza Patria en las recientes elecciones de la Provincia de Buenos Aires.
Así afectado, el gobierno libertario no logra navegar lo que en las últimas semanas ha constituido el epicentro de su crisis. Su empecinamiento en una gestión económica sólo financiera, que ignora la economía real, ha llevado a una imposibilidad fáctica: la escasez de dólares, acompañado por un detonante adicional: el narco escándalo apadrinado por Espert y el presidente.
El carácter político de la crisis económica
Es frente a tal incertidumbre que el gobierno de LLA hace de una nueva y grosera cesión de soberanía política su tabla de salvación. Está permitiendo -como parte de un paquete de salvataje-la intervención directa de los Estados Unidos (EU) en el mercado financiero y así en la política monetaria, mediante la compra con dólares de pesos argentinos, acumulando otra deuda cuyo monto se irá decidiendo al compás de las intervenciones del Tesoro estadounidense. Ello es así porque esta herramienta, como la del swap que se otorga por 20.000 millones de dólares, no requiere aprobación del Congreso, si de un acuerdo entre Estados que en el caso se instrumenta como imposición -esto o nada- de los EU. En esta modalidad de asistencia -llave en mano- resuena la desconfianza por los incumplimientos de los acuerdos con el FMI, en particular aquellos de relativos a la libre flotación del dólar y a la acumulación de reservas.
Pero la sumisión del gobierno argentino va más allá. Ha aceptado las exigencias que EU comparte con el FMI relativas a su práctica política!. Se le ha dicho como actuar, exigiéndosele recomponer sus relaciones políticas -con el congreso, con los gobernadores-, como la conformación de una coalición de gobierno que garantice su continuidad. Ello está en marcha. Por gestiones del enviado de Trump, Provincias Unidas (PU) junto a otros gobernadores aliados, han impedido la aprobación de las leyes destinadas a regular las facultades de veto y a distribuir a las provincias el impuesto al combustible. Se ha frustrado por este mismo medio el intento de los senadores de UxP de detener la privatización de Núcleo Eléctrica Argentina, esto es de una sociedad estatal con 80 años de investigación y gestión eficiente, la cual sería adquirida por una empresa del hermano país.
Pero el salvataje, no obstante ser “garantizado” por tales contraprestaciones, ha sido dramáticamente puesto en duda. “Si él (Milei) no gana, nosotros nos retiramos” habría dicho Trump, en una declaración que es correlativa a la difundida frase de Milei (“Si pierdo, renuncio”). Testimonios éstos de la alarmante emergencia política en la que se encuentra el gobierno de LLA a pesar de la intervención directa de los EU en la cotización del dólar. Testimonios de las “Ultimas imágenes del naufragio
Una apuesta fuerte está sin duda en la conformación de esa coalición de gobierno que garantice estabilidad y continuidad del salvataje. De esa coalición de la que será parte el siempre aspirante líder del PRO, quizás también Provincias Unidas y esos pedazos siempre presentes de allegados. Pero claro, todo será después de octubre. Todos esperan los resultados que logre Milei en su intento por revalidar su liderazgo. Su derrota, ya calculada, pareciera abonada por una campaña electoral que recibe en su tour de caravanas por las provincias un repudio permanente.
Los problemas de la gubernamentalidad neo imperialista
En tal contexto crisis, la adhesión confesional de Milei al neo imperialismo conservador era algo diríase natural. Pero Trump se ve insólitamente limitado por sus conflictos internos. Vale recordar que el partido demócrata le rechaza el presupuesto anual, lo que activa el cierre del gobierno de los Estado Unidos y podría derivar en problemas mayores. Junto a ello los demócratas objetan la anulación de las retenciones decretada por Milei que perjudica la posición de sus agricultores en el mercado mundial, como también la asistencia a Argentina de un Tesoro que es solventado por los contribuyentes. En la otra vereda The Wall Street, afirma que el rescate no afecta la desconfianza con el peso argentino, problema este principal que solo solucionaría una dolarización, opinión nada desligada de los números rojos con que respondió Wall Street al condicionado acuerdo. La problemática interna que enfrenta Trump, que se extiende a problemas de crecimiento y empleo, debería llamar la atención del gobierno libertario, puede influir sobre la continuidad del salvataje.
Pero veamos los problemas a los que se enfrenta LLA, aún bajo el tutelaje de Trump. Por un lado, su obsesiva discursividad anti casta ha perdido creencia como paraguas del programa de entrega económica y sumisión política. Mientras, las principales políticas económicas fracasan, desde el control del dólar, hasta el de la inflación, pasando por la apertura al capital extranjero (RIGI) y a la importación de bienes industriales, que no han derivado en inversiones ni producido empleo, sino en recesión, precariedad laboral y deterioro de los ingresos. En el campo específicamente político, el régimen libertario de control del parlamento ha encontrado fuertes límites en los bloques opositores que han marcado el ritmo político en estos meses. Otro dispositivo en fallo es el aparato de trolls que activara el combate político autoritario, incapaz de actuar en la crisis. El sistema represivo es autolimitado frente a las grandes protestas, mientras que el armado de LLA como partido nacional sólo ha llevado a la ruptura de toda alianza, inutilizando su principal dispositivo en un año electoral. No debe olvidarse en este azaroso recorrido, el armado que los hermanos organizan alrededor de las escandalosas estafas en las que participan, fuente quizás desencadenante de la crisis que se busca aplacar.
La crisis de la gubernamentalidad libertaria, es pues la crisis de esa construcción de poder político -de actores, discursos y dispositivos- y así de su estrategia de gobierno que obedece al inacabado interés de expansión de los EU, núcleo central de su significación política. Es esta crisis, lo que provoca la desconfianza de Trump en las efectivas capacidades del gobierno libertario para conducir una salida, lo que explica las aludidas condicionalidades políticas, meros resguardos de su propia legitimidad neo imperialista.
Se dirá que son todas señales, meros indicadores de una crisis en desarrollo. También que significan anticipos de aquello que la ficción ya interpretó en las “Las últimas imágenes del naufragio”. Habrá que remitirse a los hechos, son los testarudos. No falta mucho.
[1] Alianza de Libre Comercio de las Américas
