Humberto Zambon |
Enrique Silberstein fue uno de los intelectuales más importantes y lúcidos que dio nuestro país a mediados del siglo XX, lamentablemente hoy poco recordado. Estudió en las universidades de Rosario y La Plata (se recibió de contador y de doctor en ciencias económicas, respectivamente), aunque su carrera académica transcurrió en la Universidad de Buenos Aires y en la del Sur. En la primera fue Prosecretario General cuando Arístides Romero fue Secretario General, con José Luis Romero como rector, una época especial para la universidad argentina; también fue asesor de rectorado y el síndico e impulsor de EUDEBA.
En la Universidad Nacional del Sur fue profesor. Los que tuvimos la suerte de ser sus alumnos nunca lo vamos a olvidar: siempre enfundado en trajes oscuros, invariablemente manchados de tiza y ceniza del infaltable cigarrillo, alejado de toda formalidad y con sencillez, convertía en accesibles y familiares, inclusivo hasta amenas, las abstracciones formales de la teoría económica.
Su preocupación intelectual era muy amplia y con gran capacidad para transmitirlo por escrito. Escribió de todo, cuentos, novelas y obras de teatro, como temas de teoría económica y política, todo de gran nivel.
Uno de sus principales aportes fueron las “Charlas Económicas”, columna diaria en “El Mundo” a principios de los años ’60, que hizo la delicia de miles de lectores. Esas charlas fueron luego recopiladas y editadas por A. Peña Libros en 1966.
Escribió por lo menos once libros sobre economía y política económica, además de las famosas charlas. Publicó “Dialéctica, economía y desarrollo”, “Keynes”, ”Los economistas”, “Los ministros de economía”, “Marx, su pensamiento económico”, “De La Torre y los frigoríficos”, “Porque Perón sigue siendo Perón: la economía peronista”, “Vida y milagros de nuestro peso”, “Los destructores del capitalismo”, “Los asaltantes de caminos” y “Piratas, filibusteros, corsarios y bucaneros” . Sus cuentos fueron recopilados en dos libros bajo el título “Cuentos de corrientes y Paraná” (primera y segunda parte) y su novela se tituló “El Asalto”, que fue llevada al cine en 1960, con Alberto de Mendoza y Egle Martin. Las obras de teatro representadas fueron: “Necesito diez mil pesos” y “La historia de la guita”.
Casado con la poetiza neuquina Irma Cuña tuvo dos hijas. Murió en Buenos Aires en 1973, con poco más de 50 años y cuando todavía se podía esperar mucho de su madurez intelectual.
Políticamente Silberstein no fue peronista, pero le manifestó su apoyo crítico. En su libro (publicado en 1972, antes del regreso de Perón) escribió sobre la importancia de su política social, entre las que enumera a las conquistas laborales, la justicia en el fuero laboral, el fortalecimiento de los sindicatos y, en especial, las vacaciones pagas: “Así Mar del Plata, que era el reducto de la clase alta, que era el sitio donde “de” Alvear se paseaba como en las playas del sur de Francia, donde se bebía champagne en el Casino, donde sólo podían ir quienes tenían tres o cuatro apellidos y tres o cuatro estancias, o quienes, teniendo un sólo apellido, tenían tres o cuatro cuentas bancarias en Suiza, se sorprendió primero, se horrorizó después, cuando todos los que antes se iban a Quilmes o a Berazategui a tomar aire y sol, comenzaban a arribar a la Perla del Atlántico. Habría que analizar hasta dónde todo el odio que la oligarquía le tenía a Perón se debía a las leyes y disposiciones que estamos comentando o, pura y simplemente, a que les llenó Mar del Plata de ‘grasas’ y ´cabecitas negras’. (…)
Las vacaciones pagas dieron así nueva vida a Mar del Plata, al Norte del país, a Bariloche, a Uruguay. Hacia ahí se dirigió la oligarquía en busca de una playa exclusiva, en reemplazo de Mar del Plata, y surgió Punta del Este. Pero los grasas andaban con guita y, más que nada, habían roto la barrera del sonido, habían tirado las chancletas, y se aparecieron también por Punta del Este. Era el acabóse. ‘Es’ el acabóse. (…) Las vacaciones pagas … cambiaron las costumbres y las concepciones de muchos, muchísimos argentinos.”
A lo positivo que veía en el gobierno de Perón, incluyendo su política industrialista, la inversión estatal en la actividad económica estratégica y la nacionalización del comercio exterior, oponía como punto crítico el haber dejado intacto al poder económico, lo que le posibilitaba volver una y otra vez al poder, minando al crecimiento nacional y al bienestar social.
El padre de la economía política
Durante muchos siglos se repitió un adagio romano, “maternidad siempre cierta, paternidad incierta”, que para las personas fue desmentido por el desarrollo científico y la popularización del análisis del ADN. Lamentablemente, para las ciencias, como para las victorias que, según dicen, “tiene mil padres, mientras que las derrotas son huérfanas”, no existe un método similar. En el caso de la teoría económica, para figurar como “padre”, se han propuestos varios candidatos, pero la paternidad sigue siendo incierta
Si bien se sabe que los primeros escritos modernos sobre problemas teóricos económicos son de la segunda mitad del siglo XVI y fueron realizados por Martín de Azpilleta (escrito en castellano en Salamanca) y, el segundo, por Juan Bodino (en Francia), ambos trataban un problema específico, la inflación en los precios de las mercaderías, pero no tuvieron el carácter general necesario para ser considerados fundadores de una ciencia.
El más conocido de los candidatos a ser el autor de un tratado general lo suficientemente amplio como para ser considerado padre-fundador fue Adam Smith, cuya postulación es sostenida por los liberales y apoyada por la mayoría los economistas ortodoxos (“La riqueza de las naciones”, 1776).
Por su parte, Carlos Marx en “Historia Crítica de la Plusvalía” inicia el libro con estas palabras: “William Petty es el fundador de la moderna economía política. Su genio y su originalidad son incontestables”. Petty publicó “Tratado de impuestos y contribuciones” en 1662 y escribió otros tres sobre temas económicos entre 1664 y 1682.
En cambio, Williams S. Jevons creía que el “Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general” de Cantillon debería ser considerado como el primer tratado de economía política y, por lo tanto, su autor como “padre” de la teoría económica. En esto coincide con Enrique Silberstein quien, en sus “Charlas económicas” escribió:
¿Quién fue Cantillón?
Cantillón escribió lo que se considera el primer tratado sobre Economía, ya que su “Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general” apareció en 1755. Trata de casi la totalidad de los temas económicos en forma articulada y sistemática, y es anterior al libro de Adam Smith, quien lo publicó en 1776. De tal forma se puede decir que se conoce el apellido del iniciador de la Economía. La macana es que no se sabe ni su nombre, ni su nacionalidad, ni su ocupación, ni nada… hasta no se sabe en que lengua se escribió el libro ni donde se imprimió. Porque si bien la primera edición aparecida en francés dice traducida del inglés, la edición original no existe. Se sabe, sí, que era un banquero muy audaz, que le gustaba la buena vida y las mujeres, que era muy deshonesto, no teniendo inconvenientes en engañar a sus socios o a su mujer, a quien desheredó. Se sabe que actuó en Francia en época de John Law, cuando éste estaba en el máximo de su poder. Se aprovechó de los negocios que pudo hacer a la sombra de Law, y cuando palpitó que todo se venía abajo, como cualquier argentino que se respete, mandó su fortuna al exterior distribuyéndola entre Londres y Amsterdam. Cuando empezó a especular contra Law, éste lo mando llamar y le dijo que si estuviera en Inglaterra le aceptaría la oposición, pero como estaba en Francia, si se hacía muy el loco lo iba a mandar a la Bastilla. Cantillón dijo que sí, que cómo no, y se la picó a Londres. Allí se dio la gran vida, hasta que un criado lo mató, robó lo que pudo y prendió fuego a la casa. Esto es lo que se sabe del aparente fundador de la Economía. Que tiene un apellido español, nacido aparentemente de familia irlandesa, que escribió en francés o en inglés un libro que no se sabe donde se imprimió. Ahora uno entiende la Economía. Sus conceptos e ideas son tan claros como el origen y nombre de su fundador”. (1)
- En general los investigadores coinciden en que el nombre era Richard, nacido alrededor del año 1680 en el condado de Kerry, Irlanda, y que luego tomó la ciudadanía francesa. Su única obra conocida fue escrita alrededor de 1730, murió asesinado en 1734 y el libro (que firma solo con el apellido) fue publicado en francés veinte años después de su muerte; la supuesta edición inglesa nunca apareció.
Por su parte, John Law (1671-1729) fue un banquero escocés que introdujo el papel moneda en Europa (se lo considera el inventor, pero ya se la usaba en China desde mucho antes). Ante la escasez monetaria en Europa, ofreció su idea en Gran Bretaña, pero como fue rechazada, lo hizo en Francia, donde fue autorizado por el rey a emitir ese dinero. Fue un éxito y se volvió millonario con sus inversiones, muchas de ellas especulativas. Incluso fue nombrado ministro del reino. Pero calculó mal el límite de emisión y perdió la confianza pública, terminando en bancarrota y huyendo al exilio. Murió en Italia en la pobreza.
