Hoy se despide a Taty Almeida

Hoy se despide a Taty Almeida

| Colectivo La Cigarra
16.06.26

Todos sabemos quién fue Taty, una protagonista central del movimiento de las Madres de la Plaza, la presidenta de su Línea Fundadora. Las madres que, cuando la policía amenazadoramente, les ordenaba ¡¡circulen!!, inauguraron -con esa valiente inteligencia que las caracteriza- sus rondas en torno a la Plaza de Mayo. Decidieron acatar la orden en su sentido literal, circularon, pero no dejaron la Plaza, allí se quedaron como aves alrededor del nido, cuidando con firmeza amorosa ese espacio que, ellas sabían, tenía importancia simbólica, pero también política.

Todos los jueves esas rondas herían la soberbia totalitaria y horadaban ese muro de poder que se creía inexpugnable. Los que consideramos a las Madres como un movimiento social, el Movimiento de las Madres de la Plaza, reparamos primariamente en su lucha inclaudicable por el reconocimiento del derecho humano a la vida, por el debido proceso, por el acceso a información sobre las víctimas, por la denuncia ante los organismos nacionales e internacionales del genocidio que protagonizó la dictadura cívico militar.

Pero junto a este significado, el activismo de las Madres de la Plaza transforma el ejercicio de la política, constituyéndose progresivamente en una referencia central de la lucha por la recuperación de la democracia. Una democracia que se entendiera ya no sólo como un ejercicio partidario, sino como una demanda transversal a la sociedad política, una demanda que enlazaba y articulaba sus expresiones más diversas.

Las madres ponen los derechos humanos como el cimiento elemental de cualquier construcción social, sin el cual no hay proyecto ni programa que pueda albergar las disputas que toda democracia expresa en su imperativo de pluralidad ideológica. Sin un acuerdo básico sobre estos derechos, las luchas democráticas corren el riesgo de ser canceladas, de ser mutiladas, de ser corroídas por esa política sistémica que ejerce el poder por el sólo poder.

El acceso a derechos y a la pluralidad política configuran cualquier democracia que se quiera tal. Se dice que como tales limitan los “personalísimos” derechos individuales, impiden la libre competencia y el progreso, argumentos falaces según lo demuestra, no sólo la experiencia libertaria que ha obstruido e incluso cancelado las garantías de acceso a tales prerrogativas ciudadanas.

La lucha de las Madres contra la dictadura enseña que sin tales garantías no hay ni habrá democracia, no hay ni habrá sentido de pertenencia a esa sociedad que es en primer lugar un espacio común, sin distinciones de ninguna clase.

Estas significaciones nos deja Taty sobre la vida en democracia. La gran tarea es saber preservar esta experiencia, saber proyectarla al grave momento histórico que vivimos.

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