¿Existe la soberanía libertaria?

¿Existe la soberanía libertaria?

| Carlos La Serna

El nacionalismo ha sido y es un sentimiento que trasciende ideologías. Su origen está ligado al proceso de conformación del Estado nación, que comportó el sometimiento de las comunidades, en muchos casos asociadas a etnias, que resistieran, pero que fueran, en su gran mayoría, sometidas. Hoy, su significación se entrelaza y se subsume al desarrollo de la globalización entendida como otra etapa en el desarrollo del capitalismo, caracterizada por procesos de expansión geográfica, transformación tecnoeconómica y disputa por la hegemonía político-cultural.
En relación con estos procesos, la globalización es también el seno de disputas relativas a sus consecuencias socio culturales y político económicas que la ponen en cuestión. La fase aún viva del Estado intervencionista y/o de bienestar (EB), comportó quizás el desafío histórico mayor al proceso de globalización, al asentarse sobre el fortalecimiento de los Estados nación, esto es sobre la autodeterminación, el desarrollo endógeno, el avance de los derechos sociales. Ello dio lugar al renacimiento de un nacionalismo de corte democrático, asentado sobre estos principios de organización social.

La crisis del EB llevaría, sin embargo, a un resurgimiento de la globalización vía el neoliberalismo, cuya ortodoxia económica enjuga el desarrollo de procesos autoritarios, de la llamada extrema derecha, en cuyo seno germina un nacionalismo neo democrático, xenófobo, supremacista, que vuelve a hacer del Estado una instancia de rasgos soberanistas que se legitima con una apuesta por el empleo y el desarrollo nacional. Bajo regímenes de derecha radical se retoma pues la regulación y el intervencionismo estatal, asociada a los perfiles prevalecientes de la derecha radicalizada en desarrollo.

En ese marco, el caso de Milei viene a representar una excepción: el de una ultra derecha favorable al neo-liberalismo, esto es a la apertura de la economía, al ingreso de capitales externos, al libre comercio, a la instalación de una economía librada a las fuerzas monopólicas del mercado. La respuesta gubernamental al conflicto de los deudores -catalogado por el presidente como “un problema entre privados”-, representa una materialización desnuda de ese ultra neoliberalismo que desprecia toda forma de humanismo y que requiere de formas totalitarias para ejercer el gobierno.

El nacionalismo farsesco que expresa Milei en la actual emergencia, es pues muy próximo a los nacionalismos europeos en su aspecto político y en las antípodas de lo que podría denominarse un nacionalismo democrático que fuera practicado en el período 2003-2015, como ejercicio de soberanía nacional, manifiesto no sólo en incrementadas relaciones con las Islas, también en una política internacional que fue creando las condiciones para el cumplimiento de las disposiciones de la ONU que instan a Gran Bretaña a aceptar la puesta en marcha de un proceso de negociación de la soberanía. Tal accionar estatal constituyó una política alternativa a la vía armada que ensayara irresponsablemente la dictadura militar a lo que referiremos más abajo.

  • En esos marcos generales, puede decirse, sin desvalorizar otros acontecimientos, que la historia política corta de Malvinas comienza en la dictadura militar, es allí donde los términos de la ocupación imperialista de las Islas y la consecuente sumisión del Estado argentino se agudizan. En efecto, la exacerbación nacionalista que significó el apoyo de la población a la declaración en 1981 de la Guerra de las Malvinas realizada por la Junta Militar entonces en el pode.r hizo de la guerra la continuidad de la política bajo las condiciones del estado terrorista, pretendiendo hacer de la recuperación de Las Malvinas el opio que llevara y que llevó incluso a que la mayoría de los partidos acompañaran la recuperación militar de las Islas bajo el gobierno de Galtieri y dijera presente en la asunción del general Menéndez como gobernador de las Islas, hechos éstos de la institucionalidad política del momento que instaran, condujeran al apoyo popular que tuvo tal irresponsable aventura.

Parecieron así olvidarse no sólo de la violación genocida de los derechos humanos, bajo la que se vivía, también de las consecuencias de las políticas ultra financieras, privatizadoras, concentradoras del ingreso que venían ya provocando la fractura de la legitimidad social de que gozara la dictadura. Una relevante expresión de ello es, en marzo de 1982, la marcha que la CGT, el movimiento estudiantil, los partidos políticos y numerosas organizaciones sociales y económicas realizaron bajo el lema “Paz, pan y trabajo” contra la política económica del gobierno de facto y por el retorno a la democracia.

La sociedad argentina se encuentra hoy frente a un cuadro peligrosamente similar. En un momento en el que el régimen libertario parece haber ingresado en un proceso de deterioro debido a un abanico de cuestiones, tales los resultados perjudiciales de sus políticas económicas y sociales, mientras la oposición no pareciera registrar las demandas explícitas e implícitas que el contexto político y económico estaría sugiriendo basadas en el mantenimiento artificial de la estabilidad de precios, la apertura comercial indiscriminada y el incremento constante de las tarifas de los servicios públicos, paquete éste que detona los ingresos salariales y así la demanda efectiva. La caída del empleo y el cierre masivo de PyMEs son su epílogo, todo lo cual genera una crisis de supervivencia para amplias franjas de nuestra sociedad. A ello se suma la corrupción que, en estos días, bajo otro escándalo de proporciones llega a los cenáculos mismos de la Casa Rosada, léase Residencia de Olivos, lastimando fuertemente la estructura de poder de la hermana Jefa, que en una estrategia de protección ha hecho desaparecer la organización existente y así la presencia de testigos clave, a la vez que el presidente es ahora cuidado y servido por las Fuerzas Armadas, en lo que constituye una medida que no deja de retrotraer al rol de “garantes de las instituciones republicanas” tantas veces proclamado y violado por los ahora convocados.

En el nivel de las instituciones al que venimos refiriendo, la votación en la Cámara Alta del Congreso ha aprobado de forma cuasi unánime, los pliegos de los jueces Yadarola y Bertuzzi como miembros de la Cámara Federal porteña que tendrá a su cargo entre otros el trámite de los escandalosos episodios libra y andisgate. Paralelamente a este estratégico logro del oficialismo, la prensa informa sobre el cierre de causas que afectaban a personajes principales del macrismo en lo que da cuenta de la continuidad de este neoliberalismo.

Las movidas que perfilan la destrucción sistemática de la institucionalidad republicana de nuestro Estado, reciben pocas e inusitadas respuestas. Una, en relación al último escándalo, viene de la denuncia realizada por la activa diputada ex libertaria (Pagano) que parece contar con eficientes canales de información. La otra se origina en el seno mismo del poder estatal libertario que por cierto, no es sino un poder derivado. Y refiere al distanciamiento progresivo de la jefa del bloque de senadores oficialistas, miembro de la Mesa Política del gobierno, Patricia Bullrich, con base según sus dichos en la autonomía que le otorgan sus campos y apoyos, fortalezas éstas que le permiten rechazar el tratamiento del proyecto de presupuesto 2027 enviado por el gobierno, por haber sido excluida de la decisión de la Mesa Política por la que se habría definido un nuevo ajuste de la política para la discapacidad. Si bien el escándalo tuvo rápida respuesta por parte del Ministerio de Economía, el escándalo ganó en amplitud frente a la nueva denuncia por millonarios fondos de la ex ANDIS cuyo manejo se desconoce.

Por cuerda, verdaderamente separada, es la izquierda la que con la multitudinaria Marcha de la Bronca, ha mostrado el rechazo de los muy diversos y amplios sectores y franjas sociales afectados por las políticas estatales. La demostración puede que conduzca a reconocer el valor político de ceder, de acordar a favor de un frente amplio por la democracia y la justicia social.

  • Es en ese clima político que Milei redobla su nacionalismo de bolsillo -sin enterrar su fanatismo thatcherista-, como su radical crítica a los organismos internacionales, particularmente a la Organización de las Naciones Unidas. Ilusionado por las declaraciones de Trump favorables a la reivindicación argentina sobre las Islas, declaración que dio lugar a intuir y ahora a confirmar, estaba relacionada con su reclamo ante Inglaterra por su negativa a apoyar la guerra contra Irán. Su viaje que prometía una cumbre con Trump en la que la cuestión Malvinas estaría presente, fué devaluado por una reunión con el cubano Secretario de Estado, alguien cuyo desprecio por la soberanía y el nacionalismo no encuentra quizás medida. Trump, gracias, negociando con su viejo amigo de la OTAN. Milei es mostrado en momentos de aislamiento, de desprecio por el pleno de la ONU, que le endilga su rastrero seguidismo de las prácticas y políticas del genocida Netanyahu.

Es tal la fortaleza del histórico vínculo entre Inglaterra y los EUA, que el gobierno de las Islas extendió ayer la concesión por cinco años más, extensibles a dos adicionales de acuerdo a la marcha de la explotación. Esto es, consolidó la concesión que Milei quiere impugnar en medio de su discurso en la Asamblea de la ONU.

Que hará Milei frente a esto que constituye sin duda un fracaso que tira por tierra la posibilidad de que sus demandas sean escuchadas por alguien. Que hará de la oportunidad que entrevió de hacer de la histórica demanda soberanista respecto al estatus colonial de las Islas Malvinas una oportunidad política para la derecha extrema a la que pertenece. Milei sabe que hay sectores amplios que alentarían ese nacionalismo conservador, transaccional, también que no pocos grupos económicos apoyarían a sabiendas de las negativas consecuencias sociales, políticas y culturales que podrá generar.

La épica guerrera eje narrativo de estas aventuras autoritarias en el campo de la soberanía territorial no pareciera ser una alternativa. La dictadura de los ochenta buscó constituir una identidad heroica que a partir del relato de la historia argentina como sucesión de resistencias armadas, coyunturas supuestamente constitutivas de un ser nacional emancipado. Tal relato comprende la reconquista de Buenos Aires luego de sendas invasiones inglesas, la campaña de los Andes, la denominada integración nacional lograda por la expropiación de los dominios territoriales indígenas de la Patagonia y del Chaco, para cerrar con la Guerra contra la Subversión (GAS) protagonizada por la dictadura militar.

Sin dudas la gesta libertaria por la recuperación de las Malvinas, si se concretara, vendría a constituir otro hito de esa vacía y desvergonzada construcción identitaria: se agregaría quizás la guerra que el régimen gobernante conduce contra esa “casta” constructora de un estado de aspiraciones bienestaristas, que en su dogmático análisis, condujera a la inflación y al déficit fiscal, males éstos endémicos que habrían impedido históricamente el desarrollo en libertad de las así maniatadas capacidades de la sociedad argentina.

Cualquiera sea el rumbo que tome ésta debilitada estrategia, será seguro otro espacio de desconocimiento de los genocidios perpetrados durante aquellos hitos emancipadores, genocidios que bajo la forma seudo democrática del neo totalitarismo se reproduce al presente horadando progresivamente los derechos sociales y políticos que aquella “casta” concibiera, no sin limitaciones y contradicciones, como condiciones del ejercicio de la libertad.

La mira libertaria está puesta, como no escapa a nadie, no en la soberanía argentina sobre las islas, sino en el objetivo pragmático de las elecciones de 2027, para lo cual hubiera requerido de la generación de esa superficial algarabía nacionalista que podría haber generado su gobierno en caso de haber prosperado la alianza con los EEUU por la que Milei pretendía sumarse a la disputa con el Reino Unido que ha denegado su apoyo a la guerra contra Irán.
El fracaso de tal irreflexiva hoja de ruta, conduce al supuesto similar que llevó a la entonces junta militar argentina presidida por Galtieri a lanzar la invasión sobre las Islas, basándose en el impulso y cooperación de los EEUU durante la llamada guerra anti subversiva. Olvidaba la junta militar que la alianza que existe entre estos dos países se cimenta en históricos y estrechos lazos culturales y económicos, actores principales del avance del capitalismo global. Difícilmente un tal vínculo sea interrumpido por las demandas de una sociedad de inferiores como son consideradas desde el Destino Manifiesto toda sociedad latinoamericana.

  • En síntesis, el nacionalismo oportunista del gobierno libertario ha puesto de manifiesto un proceso de descomposición de los poderes del Estado, que toca sus interiores y exteriores. Este proceso explica a su vez el naufragio antes de comenzar de esta otra aventura malvinizadora de la política argentina. La fortaleza del Estado está sin duda en la cohesión de las fuerzas que lo componen, cohesión que permite caminar sobre tierra firme, sobre cierta certeza respecto al quehacer. Esta cohesión que pareció, siempre pareció, existir sólo en base al decisionismo cooptativo de los hermanos Milei, viene siendo desestabilizada. A nivel interno, por alguien que por interpósita persona está ligada a poderes que exceden a sus campos y apoyos personales y que, como se ha especulado, encontraría sus terminales en capitales israelíes como los que sostienen la ilegítima explotación petrolera en aguas territoriales. Difícilmente los movimientos de quien preside la bancada oficialista del senado sean independientes de tales vínculos. Pero el gambito de dama de Trump, aliado externo sostén del régimen libertario, su huída frente a los riesgos que para su política global comporta una alianza con el presidente argentino en el caso Malvinas, es su principal pérdida más allá de la cuestión de las Islas. Afecta en un todo su posición nacional e internacional.

La gestión presidencial ha fracasado en mantener esa cohesión que da sustento a cualquier gestión estatal y ello es central en el campo de la democracia, aún de una democracia golpeada como la nuestra. Su posición ha sido torpedeada, y por tanto pierde lastre, lo cual por el momento solo amenaza su estabilidad. Se ha vuelto más frágil aún frente a los poderes del norte y si ciertas capacidades frente a poderes omnímodos no han sido herida de muerte, posiblemente esa fragilidad será también provocada por la sociedad argentina a la que se quiere someter sin límite alguno.

Desacreditar el proyecto libertario de malvinizar la política argentina de aquí al 2027 con fines dirigidos exclusivamente a su reelección, tiene tal significado y constituye la respuesta que no sólo las circunstancias actuales aconsejan, también lo hace la dura historia dictatorial reciente.

24 de septiembre de 2026

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