En homenaje a Humberto Zambón

En homenaje a Humberto Zambón

| Carlos La Serna
En nombre del Comité Editorial

 

Conocí a Humberto en 1973, en los inicios del más brutalmente frustrado retorno a la democracia que ha vivido nuestra sociedad. Llegábamos en marzo a Neuquén junto a mi compañera M. I. Laje, en mi caso para desempeñarme como Ayudante de Primera en la Facultad de Economía y Administración. Humberto era profesor titular y se constituyó de inmediato en una referencia, en un anfitrión, actitud que estuvo presente en toda nuestra relación. Aquel inicio laboral bajo un gobierno nacional que pasó de Cámpora-Solano Lima a Perón-Perón, mediando en ello la Masacre de Ezeiza, duró poco, dando por tierra con las esperanzas de construcción de una sociedad de progreso, distribución y democracia a la que aspiraba una amplia y diversa mayoría social.

Los tiempos posteriores fueron aciagos, el conflicto entre democracia y autoritarismo se resolvió con un genocidio que comenzó a instrumentarse con las tres A. Casualmente mientras se escriben estas líneas fallece en Córdoba Gustavo Garzón Maceda, activo abogado laboralista comprometido con el ideario socialista, defensor de perseguidos y presos políticos, a quien en 1974 un ataque terrorista destruye su casa, debiendo exilarse en Paris como forma de salvar su vida y la de su familia. La obligada referencia a quien fuera un destacado actor de aquellos años, muestra la fragilidad que afectaba a la franja democrática del gobierno peronista, la que con la muerte de Perón cede la totalidad del poder del Estado, contribuyendo a la instauración de la Dictadura Cívico, Eclesiástica, Militar.

Neuquén resiente este grave proceso. La comunidad de la UN del Comahue debió resistir la designación como Rector de Guemes, con marcados antecedentes de derecha, proceso que derivó en el nombramiento de Roberto Domecq hombre comprometido con la democracia, de sólidos antecedentes universitarios. Humberto asumió un rol activo en esos momentos. Fue designado Decano de la Facultad de Economía y Administración e integró el Consejo Superior que el nuevo rector puso en funcionamiento, como instancia central del gobierno universitario. Como decano de la Facultad promovió la docencia entendida como espacio de debate académico entre diversas perspectivas, la investigación y la extensión comprometidas con las demandas y aspiraciones sociales. En particular autorizó a un grupo de sus docentes entre los que me encontraba, junto a Pedro Dobrée con quien llegamos en tándem desde Córdoba, al desarrollo de un grupo de investigación y servicios en el campo de la Administración del Estado, campo vacante en aquellos momentos en la generalidad de las universidades argentinas. Oscar Oszlak, Jorge Schwarzer, Néstor Lavergne, entre otros, participaron en un seminario intensivo al que asistimos en enero de 1974 en la sede del CIAP del entonces Instituto Di Tella.

En ese fértil ambiente de vida universitaria, en enero de 1975 es designado Remus Tetu, parte de un grupo rumano de intelectuales fascistas. Como nuevo interventor de la UNCo, su acción consistió en descabezar a la estructura de gestión académica y administrativa y en aplicar la ley de prescindibilidad sancionada por el gobierno en ejercicio. Muchos quedamos afuera. El acompañamiento entre los que decidimos permanecer en Neuquén fue fundamental. Humberto nos invitó a Luis Riavitz y a mi a aprender carpintería. Todos los días a primera hora nos buscaba y hacia allí partíamos. Tenía además un pequeño hotel que necesitaba mantenimiento en su mobiliario, allí me invitó también. Nos encontrábamos en el mate y en la conversación sobre la realidad que vivíamos, algunos domingos en familia. Luis Riavitz y Jorgelina, amigos del alma de Humberto y de Edda su compañera, Norma Riavitz, Demetrio Taranda, Pedro Dobrée eran parte del grupo, hasta que las cosas se agravaron aún en Neuquén cuyo gobierno intentó controlar la represión en su territorio.

A la vuelta de México, con el triunfo de Alfonsín, visitamos a nuestros inolvidables amigos neuquinos. Allí estaba Humberto, nuevamente como decano, insistiéndonos para que nos instaláramos en Neuquén, lo que por razones familiares no pudimos hacer. Lo lamenté muchísimo. Era mi lugar preferido, donde nos habíamos hecho en casi todos los sentidos, pero sobre todo en el de sólidos vínculos de amistad.

Nos seguimos viendo, visitándonos de tanto en tanto, siempre preguntándonos por nuestras vidas. La pandemia nos jubiló y junto a varios compañeros de la universidad largamos una revista que llamamos La Cigarra, Política y Cultura. Humberto fue invitado a participar en el Comité de Consulta, pasó luego al Comité Editorial, pero sobre todo escribió en los 16 números, mas en uno especial, que llevamos publicados en los dos años y medio que hasta el presente lleva la revista.

Este número 17 es el primero en el que Humberto no nos acompañará. Tengo que decir que yo terminé de conocer a Humberto a lo largo de este proyecto autónomo. En todo el tiempo que convivimos hablamos de y sobre todo, calculo, pero terminé de valorar cabalmente su calidad académica por su participación en La Cigarra. Escribió diecinueve artículos en esos diecisiete números mostrando un modo de encarar el periodismo crítico en el campo de la economía que, desde un planteo adversarial, abarcó el debate teórico, la política económica, la historia económica nacional y global y de las ideas económicas. Esta amplia producción cautivó a los lectores por el interés de sus abordajes, pero también por su amable y diáfana forma de escribir, de trasmitir lo que quería decir.

Humberto era alguien que gustaba comunicarse, naturalmente, y esto estaba presente no solo en sus escritos, también en sus formas de relación. Anfitrión para con los recién llegados, solidario, conversador, de buena vibra, optimista, gran amigo.

Te extrañaremos Humberto. Hasta siempre!

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