Una especie de hiedra que no conocía

Una especie de hiedra que no conocía

| Juan C. Mondéjar – 2015

Debió haber caído de uno de esos preparados naturistas con que se alimentaban mis hijos. Seguramente alguna semilla rodó bajo el mueble del comedor y encontró, justo detrás del canasto de leña, uno de esos rincones que en ninguna casa se barre.

La humedad propia de las paredes viejas, algo del sol que entra a la mañana por el ventanal y antes que nos diéramos cuenta, asomaron las primeras hojas.

Tenían un verde intenso, muy raro, que se continuaba en el tallo de manera uniforme, como si fuera un tubo de vidrio pintado por dentro.

Cada uno en la familia pensaba que otro había sido el de la idea de plantarla, así que, durante un buen tiempo, la veíamos crecer sin hacer comentarios.

A la semana ya casi tenía la altura de la estufa y se adhería con una especie de pelos que nacían del tallo principal, a las paredes laterales.

Durante un almuerzo, el mayor de mis hijos, dijo que le parecía buena idea que la planta estuviera allí. Recuerdo que jugaba distraídamente con la jarra de agua y a través de ella nos interrogó, uno por uno, para dar con el autor de la idea, su mirada penetrante se deformaba por el vidrio curvo de la jarra y todos nos divertimos con eso.

Llegamos entonces a la conclusión que era obra de la casualidad y nadie había tenido la intención de poner la planta en ese lugar. Aproveché el momento para decir que estaba creciendo demasiado rápido, algunas ramas ya trepaban rodeando el tiraje de la estufa y casi rozaban el techo, por lo que sugerí podarla un poco.

Se negaron y la defendieron adjudicándole algún derecho ganado por su tenacidad al haber crecido en ese lugar.

Tomé una lupa y me acerqué a observarla más detenidamente, mientras ellos seguían argumentando en su defensa, era un extraño y vital ejemplar de alguna especie de hiedra que yo no conocía.

Crecía velozmente, en menos de dos días un verde tallo, tomaba un color grisáceo y consistencia leñosa.

Nos fuimos el siguiente fin de semana, paseamos un poco y nos olvidamos de la planta.

Regresamos el domingo por la noche.

Al entrar a la casa sentí un estremecimiento, el aire estaba viciado, las ramas alcanzaban el pasillo que da a los dormitorios obstruyendo el paso y no permitían abrir la puerta, no obstante, logramos entrar, cada uno a su cuarto y pudimos conciliar el sueño.

A la mañana con bastante dificultad, pude llegar a la cocina y preparar un desayuno, salí al patio con mi taza de café y vi la planta apareciendo por el conducto de la chimenea, extendiéndose por el techo de la casa hasta cubrirlo casi por completo, algunas ramas caían hacia la parte trasera y trepaban por la pared medianera sobre la casa vecina.

Decidí podarla de inmediato, sin consultar con nadie, pero la planta había bloqueado el cuarto de herramientas, anticipándose como si hubiera en ella algún tipo de inteligencia.

Los demás parecían no darse cuenta de lo que sucedía, habían quedado aislados en un sector de la casa y nos comunicábamos a los gritos, pero continuaban escuchando música y divirtiéndose como si nada pasara.

Casi no podía llegar a mi dormitorio, así que trasladé algunas pocas cosas al escritorio que todavía estaba libre. Mis hijos habían conseguido, forcejeando una ventana, entrar y salir para ir a sus ocupaciones, y hasta recibieron por allí algunos amigos.

De todas maneras andar por la casa se dificultaba cada vez más y ya quedaban muy pocos sectores utilizables.

Dejamos de volver por las noches y fue quedando vacía, todas nuestras actividades se trasladaron a otros sitios, lejos de ella.

Cada tanto siento esta inquietud y curiosidad, entonces, como hoy, regreso buscando una explicación.

He tenido que derribar la puerta, las paredes interiores han sido totalmente cubiertas, me siento como un invasor en lugar de invadido, ya no reconozco mi casa.

La planta despide un olor ácido y las ramas adultas a modo de brotes, tienen unas pústulas amarillas y húmedas de donde imagino, emana ese olor.

Pequeñas mariposas pesadas y tristes como polillas, parecen alimentarse del pus amarillo. Está adherida con tanta fuerza a las paredes, que cuando intento apartar las ramas, se despegan trozos de revoque. Con mucha dificultad avanzo por el pasillo, intento llegar a algún cuarto pero las puertas han sido totalmente obstruidas.

Por la ventana que da a un patio interior, puedo ver a mi vecino asomando sobre la pared medianera ha montado una estructura por la que puede recorrer el muro de punta a punta, como un centinela. Me explica, a los gritos, que tuvo que hacer esto para poder vigilar la planta y podarla, que al comienzo pudo hacerlo solo pero crece tan rápido que tuvo que buscar quien lo ayude.

Se interesa por mis hijos, a quienes yo hace tiempo no veo, y comenta que uno de ellos, no sabe decirme cuál, estuvo por la casa hace más o menos un mes. Mientras él me cuenta esto a través de la ventana, yo siento detrás mío el murmullo de la planta creciendo.

Sobre unos libros, encuentro unas hojas en blanco e improviso estas líneas para dejar testimonio de lo ocurrido, ya que presiento que no podré salir de la casa. Ahora las estoy atando con dificultad, usando el cordón de mis zapatillas a un portarretratos con fotos de verano, intentaré arrojarlas por sobre la planta y la pared, a la casa de mi vecino.

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