¿Qué gobiernan, quienes gobiernan?

¿Qué gobiernan, quienes gobiernan?

| Darío Gómez Pucheta

La respuesta parece obvia. Milei gobierna Argentina; Trump Estados Unidos. Sin embargo, cuando nos alejamos del ruido informativo y de la sucesión incesante de imágenes, la pregunta se vuelve menos simple y más incómoda: ¿Qué significa realmente gobernar y para quién se gobierna?

Hace apenas dos años, un panelista televisivo conocido por su retórica incendiaria y su prédica abiertamente antiestatal (al punto de autodefinirse como un “topo dentro del Estado”) llegó a la presidencia argentina. Lo hizo acompañado por Victoria Villarruel, abogada y dirigente con posiciones públicas contrarias al aborto, la eutanasia, el matrimonio igualitario, la Educación Sexual Integral y lo que denomina “ideología de género”, además de una reivindicación explícita de la última dictadura cívico-militar. En el balotaje de 2023, la fórmula obtuvo el 55 % de los votos válidos, unos 14 millones de electores sobre un padrón cercano a los 27 millones.

Desde el inicio de su gestión, el gobierno de La Libertad Avanza se caracterizó por una política de reducción drástica del Estado: despidos en el sector público, recortes presupuestarios, cierre o desfinanciamiento de organismos e institutos estatales. Todo bajo la premisa de promover el libre mercado, atraer inversiones y priorizar el derecho a la propiedad privada, aun cuando ello suponga el retroceso de derechos sociales, laborales y previsionales.

La estabilización de la inflación se convirtió en el eje central del programa económico. Para ello, Argentina retomó un proceso de endeudamiento externo de gran magnitud, con el Fondo Monetario Internacional, organismos multilaterales y banca privada internacional. Los datos oficiales indican una desaceleración inflacionaria, con registros mensuales en torno al 2,5 % y una inflación interanual del 31,4 % en 2025 (INDEC). Sin embargo, el segundo semestre de 2025 muestra un paulatino aumento que alcanza a 2,8% en diciembre último [1].

El costo social de ese ajuste recae de manera desigual: trabajadores, jubilados, pymes y economías regionales no muestran mejoras estructurales, mientras que los sectores exportadores de materias primas y el capital financiero aparecen como los principales beneficiados, profundizando la concentración económica [2].

En política exterior, el alineamiento es explícito como un férreo defensor de Estados Unidos, Israel y lo que denomina “la cultura occidental” y “la libertad”. Esa posición se expresó en el respaldo incondicional al gobierno israelí en el marco de la guerra en Gaza (cuestionado por organismos internacionales y por informes de Naciones Unidas que advierten sobre posibles crímenes de guerra), los recientes ataques a Irán con los asesinatos de líderes gubernamentales,  religiosos y 176 (hasta el momento de esta nota)  niñas de una escuela [3],  y las declaraciones de regocijo del presidente por la captura de Nicolás Maduro en una relación de subordinación política y simbólica con Donald Trump, quien incluso llegó a atribuirse públicamente la victoria electoral de Milei en las legislativas de octubre de 2025 [4].

Aquí la pregunta inicial vuelve con fuerza: ¿el presidente argentino gobierna para la sociedad argentina o para un entramado de intereses económicos, financieros y geopolíticos que exceden sus fronteras? ¿Es la “libertad” de la que habla el mismo concepto para los jubilados reprimidos semanalmente en las calles, para quienes pierden su empleo o para quienes no logran cubrir la canasta básica? ¿Es, acaso, la misma libertad que enarbola Trump cuando Estados Unidos interviene militarmente en otros países como si fuera el policía del mundo?

Gobernar no es solo administrar. Es orientar el rumbo de una sociedad en contextos de escasez, conflicto y desigualdad. Implica definir objetivos colectivos, explicitar un proyecto de país y asumir los costos políticos de ese camino. Sin embargo, en el discurso oficial abundan conceptos abstractos (modernización, eficiencia, libertad) que rara vez se traducen en un horizonte compartido y tangible.

La metáfora del barco resulta útil. Gobernar es fijar un rumbo y conducir la nave entre vientos adversos, olas imprevisibles y conflictos internos. Ese destino puede ser colectivo y explícito, o reservado a unos pocos, aun a costa de sacrificar parte de la tripulación. La diferencia no es menor: define quién decide, quién paga y quién se beneficia durante la travesía.

A este escenario se suma un factor decisivo del siglo XXI: las redes sociales y los dispositivos móviles. Estudios recientes indican que los argentinos pasamos en promedio más de seis horas diarias frente al celular, casi la mitad del tiempo que permanecemos despiertos. Mientras tanto, el tiempo para informarse críticamente y reflexionar se vuelve escaso. Entre el trabajo y el descanso, las pantallas ofrecen entretenimiento constante que muchas veces nos abstrae de la realidad inmediata.

Así, mientras se definen políticas estratégicas sobre el agua en Mendoza, el litio en el norte, el petróleo en el sur, los bosques patagónicos, glaciares cordilleranos y las Islas Malvinas, gran parte de la ciudadanía consume memes, videos breves y titulares fragmentados. El gobierno del territorio convive con el gobierno de la atención.

La pregunta entonces se desplaza: ¿quién gobierna a quienes gobiernan? ¿Qué intereses, qué poderes y qué narrativas moldean sus decisiones? Y, en un plano más íntimo, ¿quién gobierna nuestro tiempo, nuestra mirada y nuestras prioridades?

El domingo 1° de marzo, el presidente ofreció un nuevo discurso en la apertura de sesiones ordinarias en el Congreso de la Nación. Con muchos gritos e insultos, las formas se sobrepusieron por sobre el contenido. Guy Debort en 1967 escribió en su obra titulada “La sociedad del espectáculo” que: 

“El espectáculo, comprendido en su totalidad, es a la vez el resultado y el proyecto del modo de producción existente. No es un suplemento al mundo real, es su decoración añadida. Es el corazón del irrealismo de la sociedad real. Bajo todas sus formas particulares, información o propaganda publicidad o consumo directo de diversiones, el espectáculo constituye el modelo presente de la vida socialmente dominante…El espectáculo es también la presencia permanente de esta justificación, como ocupación de la parte principal del tiempo vivido fuera de la producción moderna”.

De esta manera la pregunta inicial, impacta en nuestro tiempo y los algoritmos de las múltiples aplicaciones que llevamos en el celular ¿Quién gobierna nuestro tiempo? ¿La política como espectáculo? Mientras el territorio es apropiado y explotado por algunos pocos. 

Hace un década Jonathan Crary [5] escribió un ensayo en el que describe la apropiación del sueño por parte del capitalismo. En “24/7 El capitalismo tardío y el fin del sueño”  describe el proceso por el cual el capitalismo global y la cultura tecnológica se han reificado, haciendo que acríticamente consumamos contenidos y proveamos datos a las plataformas 24/7 y recurramos a la tecnología farmacéutica para conciliar el sueño. 

Se le atribuye a Nelson Mandela la frase “soy el capitán de mi destino”. En una época de liderazgos fuertes, apropiación de territorios y riquezas naturales, algoritmos opacos y discursos simplificadores, la afirmación sigue vigente como desafío colectivo. Sabemos quién ocupa la presidencia. Lo que aún debemos discutir, con urgencia, es qué se gobierna, para quién y bajo el timón de quién.


1. Julieta Rico– 13/01/2026 https://www.iprofesional.com/economia/419097-inflacion-indec-2025-argentina-evolucion-mes-a-mes

 2. IADE-  https://www.iade.org.ar/noticias/ganadores-y-perdedores-del-modelo-de-milei 

3. Cristian Neira – 03/03/2026 https://eldesconcierto.cl/2026/03/03/suben-a-787-las-victimas-fatales-en-iran-tras-ataques-de-eeuu-e-israel-incluidas-las-176-ninas-muertas-en-escuela

4. RT (27/10/2025) https://actualidad.rt.com/actualidad/570564-tuvo-ayuda-trump-saca-pecho-milei-argentina 

5.  Profesor de Teoría y Arte Moderno en Columbia University. 

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