| Juan Carlos Mondéjar
Día uno. 8 hs.
El camión se detiene en la esquina, le hago señas parado en el medio de la calle, el chofer acelera hasta donde estoy, en un par de maniobras está listo para bajar el contenedor. El ruido del metal liviano, vacío, raspando contra el pavimento llama la atención de los vecinos. Algunas ventanas se abren. Es una cuadra corta, un pasaje en el que apenas pasa el camión entre los autos estacionados.
Día dos. 10hs.
De la casa del frente aparece un hombre alto, debe andar por los ochenta y pico pero se mueve con agilidad. En su mano derecha tiene una escoba y en la izquierda una palita metálica de cabo largo. Barre algunas hojas secas de la vereda, luego cruza la calle y con la elegancia de un golfista descarga la pala dentro del contenedor. No nos saluda, ni nos mira. Luego vuelve a su vereda y repite la operación. La basura que arroja es como una gota en el mar allí dentro, pero su actitud me molesta así que decido ponerlo en evidencia y me apoyo en el contenedor mientras cruza hacia nosotros por tercera vez.
El hombre se detiene a mitad de la calle, observa la situación y sigue.
Buen día. Saluda mientras vuelve a vaciar la pala. ¿Vamos a ser vecinos?
No soy el dueño. Estamos haciendo unos arreglos. Le aclaro
Soy Willy, vecino de toda la vida, conozco a todos acá. Dice mientras se acoda en el contenedor dispuesto a seguir conversando. La palita le sirve de puntero para señalar cada casa. La del mecánico, la del ferretero que se murió este año. Acá sabemos vida y obra de casi todos. Continúa. El chico de la peluquería. Dice y me indica el local al lado de su casa. Ahora les corta a hombres también pero antes atendía solamente mujeres. Mientras me cuenta esto pasa una señora caminando y nos saluda.
Ella es Elvira. Informa Willy reteniéndola un instante del brazo.
Elvira sigue caminando, Willy baja la voz. Es mi ex. Dice. Nos separamos hace mucho, ella se fue a vivir a la casa donde vivía nuestro hijo. Acá nomás casi en la esquina, no quiso venderla por nada del mundo.
Día dos. Cerca de las 17 hs.
Un hombre está sentado en el umbral de un pasillo bastante angosto y deteriorado, al lado de la obra. Sobre la puerta, un cartel de madera anuncia “Pollería”. Me acerco para avisarle que vamos a estar haciendo un poco de ruido al lado de su casa.
No hay ningún problema, trabajen nomás. Dice y señalando el contenedor pregunta si “habrá lugar para tirar ahí unas cositas”.
Día tres. 8,30 hs
Alejandro y su hermano están cargando escombros. Entre risas me dicen que me quede en la vereda para ver una chica que está por pasar. Tiene el pelo colorado, es grandota y usa un vestido de red totalmente transparente.
Día cuatro. 9 hs.
Sobre el contenedor hay dos bolsas negras de plástico. El contenido es informe y parece adaptarse a las protuberancias de los escombros. Huelen muy mal, me acerco a mirar pero Alejandro me pregunta algo sobre una puerta que está colocando y entro a la obra. Desde ahí escucho el ruido del camión que viene a llevarse el contenedor lleno y dejar uno vacío. Salgo para hablar con el chofer pero el camión ya gira en la esquina y las bolsas negras se bambolean sobre los escombros.
Willy aparece con la palita y la escoba en la mano.
Hola buen día. Saluda mientras arroja la carga inaugurando el nuevo recipiente.
Buen día Willy, recién llegado para usted, le digo.
Lo mío no ocupa nada. Dice y parece tener algo más para agregar pero se interrumpe porque llega un camión con ladrillos.
Día cuatro 14 hs.
Hace un calor insoportable. A mitad de la otra cuadra hay dos patrulleros y algunos curiosos en la vereda. Un policía viene hacia nosotros, pregunta casa por casa. Willy tiene dos cámaras de seguridad en el techo. El policía las ve y llama la puerta, Willy se asoma sin terminar de abrir, el policía habla con él, señala las cámaras y los patrulleros en la otra cuadra. Willy cierra la puerta, el policía lo espera hasta que vuelve con su celular. Los dos cruzan buscando la sombra y se sientan en la pila de ladrillos que trajeron a la mañana a revisar la filmación. Willy me invita a ver con ellos.
¿Qué pasa? Pregunto.
Hay una denuncia por una chica que no volvió a su casa. Me informa el tipo.
El policía sostiene el celular, sentado entre los dos. Me veo el primer día charlando con Willy mientras balancea la palita, Alejandro y su hermano paleando escombros. Más tarde con poca claridad, por la sombra del árbol se ven dos personas acarreando un sillón, lo balancean y lo arrojan dentro del contenedor. La chica del vestido transparente cruza la calle y se inclina sobre la ventanilla de un auto. El coche se va, parece molesta, duda un instante si tocar el timbre de Willy, luego sigue y sale de cuadro.
¡No me digan que es Martita la que se perdió! Exclama Willy sin que nadie pueda responder.
Martita. Repite Willy. Pobre Martita.
Vemos un chico joven que sale de la peluquería y se va caminando hacia bulevar Los Granaderos, alguien lo despide, cuando se aleja cruza la calle y vacía una bolsa de basura dentro del tacho. Más tarde, llega un Fiat Cronos, se detiene casi pegado al contenedor, el hombre baja, abre el baúl y con mucho cuidado tira algo dentro que no se alcanza a ver.
Ya de madrugada dos hombres se llevan el sillón. El contenedor es como un barco carguero, para algunos lleva y para otros trae. El policía acelera la filmación, Alejandro y los demás chicos están terminando la jornada. Revisan que el portón esté bien cerrado, suben al auto y se van. Cae la tarde, la luz es suficiente para ver a Elvira que se acerca. Tiene un libro o algo parecido en sus manos. Se detiene frente al contenedor y se apoya en el borde. El policía con dos dedos agranda la imagen. Es un álbum de fotos, se puede leer parte de la tapa: Colegio Manuel Belgrano promoción 1976. Vemos a Elvira hojear el álbum, lo acerca a su rostro, besa una foto y lo deja con cuidado en el contenedor. Elvira se va, sale de cuadro y aparece Willy que seguro ha estado espiándola, levanta el álbum, saca una foto y se la guarda en el bolsillo. Se queda parado en la puerta de su casa un instante, parece no saber qué hacer hasta que vuelve a entrar.
Willy, a mi lado, tose y cambia de posición sobre la pila de ladrillos.
¿Quién es la chica? Pregunto al policía.
Parece que es nueva en el barrio, seguro que se fue de fiesta. Ya va a aparecer, siempre aparecen. Concluye sin convencerme. En el video se ve el camión que se va con las dos bolsas negras sobre los escombros. El policía parece no verlo o no darle importancia.
Willy mete la mano en el bolsillo donde guardó la foto y me mira arqueando las cejas.
Luego pregunta si eso es todo y apaga el celular.

Muy bueno, tiene ritmo e intriga. Me gusta la secuencia con lo de días y fechas.