| Joaquín Deon [1] y Nadia Balmaceda [2]
Las devastadoras consecuencias materiales y socio culturales de la reforma de la
Ley de Glaciares y de sus instrumentos reguladores son crudamente analizadas.
¿Cómo incide la modificación de la Ley de Glaciares a nivel nacional y provincial?
Pone en riesgo más de 30 cuencas hídricas nacionales, internacionales e interprovinciales que irrigan ecosistemas como las Yungas, el Parque Chaqueño, la Patagonia y la Llanura pampeana. Además pone en riesgo los oasis productivos donde familiar y agroecológicamente se producen un 73% de los alimentos frescos, encurtidos, embutidos, cárnicos, frutihortícolas y artesanales del país. La salud de estos territorios depende de su actual excelente calidad y disponibilidad de agua. Millones de hogares, miles de centros de salud dependen de estos ecosistemas y de su agua.
Córdoba, por ejemplo, con sus mercados de frutas y verduras recibe un 67% de estos productos provenientes del trabajo de miles de familias en quintas y huertas regadas por glaciares en el norte, Cuyo y la Patagonia.
Buenos Aires recibe un 58% de alimentos de esos territorios en temporada baja y un 69% en temporada alta.
Localmente, más de 8.000.000 de personas abrevan, se bañan, cocinan y usan agua diariamente de esas cuencas. La región andina y de las Sierras del Aconquija recibe millones de turistas anualmente que disfrutan de estos ambientes gracias a comunidades indígenas, campesinas y guías habilitados que contribuyen a compartir y resguardar estos territorios glaciares, periglaciares y cuencas hídricas.
Además, unos 2.300.000 habitantes de Córdoba se proveerán de agua del Río Coronda, en Santa Fe, cuya cuenca alta nace en glaciares y ambientes periglaciares de las sierras tucumanas, catamarqueñas y de la Cordillera.
Entre tanta info surgen estas preguntas simples:
¿Imaginamos nuestras mesas sin manzanas del Alto Valle del Río Negro?
¿Cuánto costaría compartir uvas, vides y vinos extranjeros porque se destruyeron los glaciares cuyanos?
¿Podríamos comer limones, frutillas, naranjas, mangos y bananas de nuestras yungas y noreste si los glaciares desaparecen o se contaminan?
¿Qué nueva fuente de agua y a qué costos buscará Córdoba si el Coronda se contamina?
¿Qué verduras comeremos si los ajos y las cebollas de verdeo o los tomates no tienen agua?
¿De qué trabajarán las y los agricultores quinteros?
¿Cómo se regarán los hermosos oasis de Mendoza y San Juan?
Los arándanos y frambuesas de los helados ¿de dónde vendrán?
Las ovejas, sus lanas y abrevaderos ¿qué agua tendrán?
El 40% de la ganadería bovina y el 80% de la ovina, caprina y equina nacional dependen del agua de las cuencas del ambiente glaciar y periglaciar. ¿A donde irán esos millones de animales a abrevar y parar?
¿Hacia dónde irán a trashumar las y los pastores puneños?
¿Quién celebrará las vendimias, los carnavales jujeños y las chayas sin bebidas como el vino, la aloha y sin albahacas en las orejas?
¡Qué triste y desabrido será el carnavalear!!!
¿A dónde irán los 12 mil guías a acompañar el turismo local en la cordillera y las Sierras Buenaventura y las del Aconquija?
¿Dónde mojarán los pies niñas y niños que se divierten en ríos limpios? Podrán beber y chapotear en las acequias secas o contaminadas con el cianuro minero?
¿Cómo harán las miles de pastoras y pastores que de estos animales dependen para vivir con su diario trabajar? ¿Dónde abrevarán llamas, guanacos, vicuñas, cabras y vacas?
¿Qué peras o duraznos enlatados hemos de comer si ni frutales ni latas sin glaciares podrán las economías regionales producir?
Osisko, Yamana Gold, Barrik Gold, Glencore, Zijin-Liex y las multinacionales del litio no responderán estas preguntas, sólo se llevarán los minerales. Por eso debemos luchar para que mañana estos despojos no vayan a ganar con una Ley que busca desproteger los ambientes glaciares y periglaciares.
Una Ley estuvo vigente protegiendo decenas de miles de territorios glaciares y periglaciares, territorios donde, además, indígenas, campesinos y comunidades agroculturales familiares trabajan para abrigar con sus tejidos, alimentar agroecológicamente, festejar y compartir sus ambientes y culturas al país.
Modificar la Ley busca facilitar que las provincias tengan injerencia en redefinir esos territorios permitiendo allí la minería.
De agroculturas locales y regionales con circuitos cortos de comercialización y alimentación empoderados en redes y cooperativas que hoy alimentan al país desde las cuencas bañadas por glaciares y ambientes periglaciares, pasaremos a mineras transnacionales, importación de alimentos, concentración territorial/alimentaria y transnacionalización de los circuitos de provisión de alimentos y agua.
¿No son esos motivos suficientes para firmar la demanda colectiva más grande de la historia argentina? Más aún tras la aprobación de la Ley que modifica a la anterior que protegía los glaciares?
¿No son estos motivos suficientes para fortalecer las ferias, nodos y redes agroecológicas que producen y elaboran alimentos sanos, populares y a precios justos? ¿No es tiempo de reconectarnos con la vida, los ecosistemas y las cuencas hídricas que habitamos para encauzar su defensa en luchas comunes?
Nos lo enseñaron en Esquel, en Andalgalá, Tinogasta, Humahuaca, Ushuaia y Belén: el agua no se entrega. El agua y la vida se defienden.
Sin agua no hay vida.
El agua vale más que todo.
[1]Joaquín Deon es geógrafo, doctor en Estudios Sociales Agrarios, doctor en Estudios Urbanos Regionales, profesor de Geografía Rural en la UNC e investigador de CONICET.
[2]Nadia Balmaceda es licenciada en Nutrición, magister en Salud Pública, doctora en Estudios Sociales Agrarios y profesora de Sistemas Alimentarios Nutricionales en la UNC.
