¡Rápido! Que (ya) estamos cansados

¡Rápido! Que (ya) estamos cansados

| Darío Gómez Pucheta

El título de esta nota es en sí mismo una contradicción. La sensación de agotamiento que tenemos los argentinos, debería corresponderse con recuperar la calma y la lentitud, para asimilar la realidad y las consecuencias de la política económica que implementa el gobierno. 

Sin embargo, esa contradicción se manifiesta en las pautas de consumo. Según revela la Revista Forbes Argentina[1], el consumo evidencia una paradoja: mientras en los supermercados físicos las ventas caen, las plataformas de delivery no paran de crecer. PedidosYa cerró 2025 con un aumento del 22% interanual en número de órdenes. Su unidad de pedidos de supermercado llamada “PedidosYa Markets” aumentó un 34% sus ventas interanuales el año pasado, incluso en un contexto donde el canal físico cayó más de 5%. 

En tanto que  juntas, Rappi y PedidosYa superaron los US$ 1.860 millones de ingresos  en 2024. Recientemente Uber Eats anunció su regreso al mercado local[2] después de años de ausencia. Su plan es invertir US$500 millones en Argentina durante los próximos tres años, y una parte de ese monto estará destinada a acelerar el reingreso de esta unidad de negocio.

El fenómeno se encuentra relacionado con el comportamiento del consumidor: mientras el gasto total de los hogares se achica o se estanca, dentro de ese presupuesto se produce una reconfiguración de forma tal que una porción creciente de las compras migra del local físico a la app.

Según un informe de Consumer Insights de Worldpanel by Numerator (publicado en Infobae el 30 de marzo de 2026)[3], el consumo en los hogares cayó al cierre de 2025, durante 5 meses consecutivos. El estudio (privado) midió la magnitud del retroceso y detectó cambios en la forma de comprar: los argentinos no dejaron de consumir, pero empezaron a hacerlo de otra manera. Menos visitas al súper, canastas más chicas y la elección de segundas marcas marcaron el final del año, lo que parece convertirse en una tendencia que, aseguran, se profundizará durante este año 2026, ya que el último trimestre de 2025, mientras la frecuencia de compra de los hogares argentinos descendió un 8,2%, el volumen de productos adquiridos cayó un 4,7% respecto al mismo periodo del año 2024. 

En el 2010 el filósofo Byung-Chul Han publicó un libro titulado  “La sociedad del cansancio”, en el que su tesis central describe cómo el capitalismo actual ha transformado a las personas, que hemos pasado de vivir obligados a cumplir reglas externas a ser explotados por nosotros mismos en la incesante búsqueda de productividad. Del deber al poder de la autoexplotación, por el exceso de positividad (“si lo deseo puedo”), teniendo como consecuencias enfermedades neuronales, como el síndrome de burnout. ¿Es posible que ese agotamiento estructural del que habla Han se traduzca en decisiones de consumo concretas, como pagar más por no tener que ir a un local?

Las representaciones sociales asociadas al uso del tiempo y el espacio se encuentran en una transformación revolucionaria. Asumir esto, debido a la mediación de las nuevas tecnologías y las aplicaciones de servicios pueden permitirnos aproximarnos a respuestas. 

Una de las situaciones es la distorsión respecto a las capacidades económicas según la posición social en relación al trabajo y por tanto, a los ingresos. En la actualidad los discursos políticos/culturales y la revolución informática tienden a una simplificación en relación a “cómo ganar dinero” que hace difícil la identificación de roles y posiciones sociales. Reforzando la idea de que el trabajo por sí mismo puede posibilitar el consumo, de que el gigantesco aparato comunicacional ratifica en la construcción social una realidad unívoca centrada en el consumo, incluso negando la existencia de otras formas económicas pragmáticas para la satisfacción de necesidades, en las que el óseo y la recreación son transacciones fuera de la lógica mercantil.

A su vez, la disolución del límite entre “trabajo” y “ocio y/o tiempo libre” complejizan la estimación cotidiana, doméstica y de la microeconomía personal entre costos y beneficios de usar o no delivery. Se trabaja, se come y se consume entretenimiento en el mismo espacio y tiempo.

Un elemento que describe Byung-Chul Han en el libro citado, es el cansancio y la dificultad para salir del uso de los dispositivos móviles; ya no desde un acto racional, sino por el acto involuntario que produce química y psicológicamente la adicción a las pantallas. Esto reforzando la pérdida de identificación de tiempo y espacio. 

La etapa que vivimos de la economía, externaliza los costos y niega sus consecuencias. Por ejemplo ¿Quién asume los costos ambientales de la IA? ¿Quién asume los costos en salud de las poblaciones por la pérdida de biodiversidad? Llevando el cuestionamiento al plano de lo individual y doméstico, ¿quién considera el costo que paga el repartidor que hace delivery en bicicleta?, ¿cómo paga su medio de trabajo, sus alimentos, su cobertura de salud y su tiempo vital?, ¿qué situación vive el trabajador de delivery que pierde su moto o bicicleta por accidente, robo o descompostura?, ¿cómo cubre su jornada y los costos extras? 

Al parecer el consumidor argentino, forma parte de lo que Jonathan Crary hace una década describe en su libro “24/7 El capitalismo tardío y el fin del sueño” el proceso por el cual el capitalismo global y la cultura tecnológica haciendo uso de los conocimientos de las ciencias médicas fue construyendo un complejo sistema en el que activamente  consumimos contenidos y proveemos datos a las plataformas las 24 horas, los 365 días del año, haciendo que hasta dormir sea una mercancía, recurriendo a la tecnología farmacéutica para conciliar el sueño o no dormir y continuar produciendo datos desde los dispositivos móviles. 

La estratificación social propia de los discursos circulantes, simplifican la realidad en visiones dualistas y/o maniqueas,  con correlatos directos en las maneras de consumo actual. 

Hay una diversidad de ofertas de consumos por e-commerce y delivery que compiten directamente con los precios de los comercios de cercanía o incluso que mediante determinadas app tiene costos menores a los que se pagan en el comercio. Esto responde a que la transformación del mercado por la tecnología, la pérdida de eficacia del Estado para proponer y regular con  mecanismos que posibiliten el comercio justo facilitan que actores con mayor poder económico y tecnológico ofrezcan productos con precios favorables para los consumidores. 

Sin embargo, el perfil del consumidor argentino sin duda está transformándose. A las consecuencias económicas descritas que asocian la pérdida de poder adquisitivo con el uso cada vez más frecuente de deliverys, pueden también vincularse las transformaciones políticas y culturales que atraviesa la sociedad. 

En los últimos años se propone un debate que deconstruye y discute críticamente algunas instituciones que formaban parte de la sociedad argentina durante la segunda parte del siglo pasado. Por esto es probable que el consumidor argentino esté dispuesto a pagar más en términos económicos por intangibles y productos qué se asocia simbólicamente con ciertos niveles de estatus que le posibilita ser parte de algún grupo social, al menos en sus representaciones.

De esta manera, parece que tanto el delivery como el consumidor forman parte del sujeto del rendimiento. El sujeto que trabaja como delivery es el que “puede superarse y satisfacer sus necesidades mediante el trabajo». En tanto, el sujeto que consume, lo hace tocando la pantalla donde dice “comprar”, “yo puedo comprar”, a pesar de las dificultades para hacerlo (´superadas’ por  el crédito que ofrecen las plataformas o tarjetas). 

El cansancio que sentimos es a su vez el motor que nos impulsa a ser más eficientes y rendir con eficacia ¿Pero somos conscientes de los costos no económicos y económicos de ese hacer?

Nos encontramos en una profunda transformación social y económica que está forzando al extremo la exploración de la naturaleza y por tanto de los seres humanos.

La crisis económica y la contradictoria sensación de libertad, en la que mientras menos normas y límites existen para ganar libertad, nos esclavizan más por pérdida de nuestro tiempo y espacio vital. 

La creciente demanda de delivery es solo un síntoma de cómo estamos naturalizando la mercantilización del tiempo personal y los espacios comunes que posibilitaron a lo largo de la historia la construcción y reproducción de la sociedad, siendo está mucho más amplia que la economía de mercado. 

La paradoja parece ser que la rapidez para satisfacer la necesidad de consumo, nos pone en un círculo vicioso de ir más rápido para trabajar y generar más ingresos. Han propone revalorizar el aburrimiento, el ocio, el descanso y la contemplación como una manera de derrotar el cansancio. Tal vez, solo caminar al comercio del barrio, sea un acto revolucionario para estos tiempos, y no solo bajar la velocidad y contemplar las calles, la gente y conectar con la realidad. 

[1] Slotnisky D. (3 Mayo de 2026) La «sociedad del cansancio» impulsa el negocio del delivery. Revista Forbes Argentina https://www.forbesargentina.com/negocios/la-sociedad-cansancio-impulsa-negocio-delivery-n90236 

[2]Ponasso, L. (22 de enero de 2026) Uber Eats vuelve a la Argentina en pleno boom del delivery . Diario La Nación. https://www.lanacion.com.ar/economia/negocios/uber-eats-vuelve-a-la-argentina-en-pleno-boom-del-delivery-nid22012026/ 

[3]Infobae (30 Mar, 2026 ) Consumo en baja: los hogares argentinos compran menos y eligen cada vez más marcas económicas. Diario Infobae https://www.infobae.com/economia/2026/03/30/consumo-en-baja-los-hogares-argentinos-compran-menos-y-eligen-cada-vez-mas-marcas-economicas/ 

 

2 comentarios en «¡Rápido! Que (ya) estamos cansados»

  1. Es increíble cómo se puede escribir una realidad que nos ingresó a nuestra vida creyendo que era para otros y nos encontró, no ya cansados sino dormidos. El despertar se llama hoy, ahora realidad.
    ¿Qué será el día en que nos facturen el sol?- diría Silvio…

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